12 jul. 2005

Paria


En la escuela había un castigo para aquellos que no le hacían caso a las populares: nadie les hablaba. La cabecilla daba la órden y el resto del aula obedecía: el hablarle a aquel que estaba fuera de favor automáticamente significaba que uno también sería víctima de la silenciosa tortura. Nunca se nos ocurrió que si nadie le hacía caso a la líder, escaparíamos para siempre del castigo. Una vez me atreví a hablarle a una de las víctimas, asumiendo que sería un acto de amistad: hoy por tí, mañana por mi. Cuando me tocó el turno a mi, aprendí el significado de traición.
Todavía no me acostumbro al desconcierto de no ser capaz de anticipar esas actitudes.

3 Comentarios:

Anonymous Azzafrack dijo...

Yo apredí esa lección un poco tarde...

La ventaja de haberla aprendido de pequeña es que al menos puedes sacarle provecho al madurar!

Saludos!

7:54 p. m.  
Blogger medea dijo...

nombres.. si me acordé es porque sigo en las mismas.


pero por lo menos me contento pensando que estoy colectando buen karma. :P

9:24 p. m.  
Blogger Jen® dijo...

cuando yo estaba en la escuela hacían lo mismo y se llamaba la ley del hielo. entonces, era como el teléfono chocho donde uno le susurraba al oído al próximo en la fila: no hay que hablarle a sutanita.

me parecía muy cruel y procuraba romper con la cadena. por suerte, nunca me tocó ser víctima en el juego.

de adultos, conozco gente que es así. qué pena!

el karma, pequeña. el karma :)

saludines

11:09 p. m.  

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