19 sep. 2005

En el avión.

El vuelo de regreso lo pasé al lado de un Francés de 698 años de edad... o eso parecía. Era un nativo de Grenoble, y vive en los Alpes Franceses. A su edad avanzada le encanta esquiar en la nieve, jugar golf y viajar por el mundo. Hace 1 año murió su esposa, después de 55 años de casados... el iba a viajar a Méjico con ella pero ese viaje se canceló. Casi todos los años va a hacer trabajos comunitarios en diferentes países. Escampuchea, África del Sur, Tailandia, Etiopía... y cuando era jóven viajó por muchos lugares nada más a conocer y visitar.

Compartió conmigo sus experiencias en Noruega donde experimentó el sol de medianoche, su amor por las mermeladas, conservas y jaleas de frutas, su finca y fábrica de mermeladas en Grenoble que maneja una de sus hijas. Dos de los hijos viven en Paris, y 2 en Lyon. Hablamos de las maravillas de Paris, y las diferencias con otras ciudades grandes, del cáncer de piel y la necesidad e importancia de protegerse del sol. Él conversó con la azafata quien resultó ser de la misma región, y como viejos amigos charlaron de las maravillas de la vida en las montañas. La mesera entonces le ofreció una copa de champán, y por ser la nueva amiga del señor, yo también pude disfrutar una champaña de excelente calidad, catada por mi compañero de asiento.

No pude ver el final de ninguna de las películas porque el señor me conversaba en las mejores partes, así que opté por apagar la tele y hablar con él. Mi plan de pasar las 7.5 horas durmiendo se esfumaron cuando me vi enredada en discusiones filosóficas sobre la pobreza y la familia. Mis libros quedaron guardados en mi maletín. Por qué leer un libro sobre Francia cuando tenía un Francés de pura cepa sentado junto a mi? Con paciencia y sonrisa de oreja a oreja toleró mis mutilaciones al idioma de Balzac, de Victor Hugo y de Berlioz. Con paciencia esperaba a que terminara de explicar mis ideas con el vocabulario de una niña de 5 años. No me arrepentí de cambiarle el asiento a la turista gringa para que se sentara junto a su amiga. Pensar que Yves no hubiera tenido con quién conversar durante el largo vuelo, solo para bajarse y subir a otro avión rumbo a California... las cosas suceden por buenas razones.

Gracias Yves por el excelente viaje, la champaña y una final demostración de la hospitalidad francesa.

4 Comentarios:

Blogger Javier el Gusanoide dijo...

Saludines

10:02 a. m.  
Blogger DCifuentes dijo...

exito

the medea is back, fomentando el oseo bloggero

2:37 p. m.  
Blogger EricJ dijo...

maldita sea medea, quelle envie tu me provoque...

:-D

10:34 p. m.  
Blogger Onironauta dijo...

simplemente genial toda tu aventura! esperare que me la contes toda en medio de un cafe!

1:47 p. m.  

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