12 dic. 2005

Feriales

La Feria de Artes de la UCR. La oportunidad de conseguir un original antes que el creador se haga famosos. Donde se puede comer, socializar, leer, disfrutar. Arte y artesanía: objetos de talleres académicos, objetos de hobbies y aficiones. Una vitrina de potenciales y establecidos "artistas". Un lugar donde llego y me siento como si estuviera llegando a la casa donde me crié y crecí, y al llegar a mi antiguo cuarto veo que lo convirtieron en oficina o cuarto de visitas. La casa es igual, pero me di cuenta que ya no soy parte de ella.

Los lentes se me oscurecen al salir al sol. Camino por los trillos, pasillos y senderos que fueron rutas obligadas por cuatro años. Observo los cambios que se han dado: un edificio remodelado por aquí, una nueva manta por allá, pero son más las cosas que permanecen: parejas en la plaza 24 de abril marcando, el solitario muchacho frente a la Carlos Monge, la fila frente al cajero de generales. Siguen reuniéndose a hacer tai-chi en el bosque de los bambúes al lado de educación. Salgo por el parqueo detrás de Bellas Artes y no han cambiado las tucas de madera para los hornos: serán diferenes pedazos de madera, pero si es el mismo lugar: hogar de ratones, lagartijas y muchísimas arañas peludas. Construyeron una acera para ir hasta las escaleras de emergencia de educación, y llego a la principal. Ahí si ha cambiado mucho, por lo menos para hoy. Hay puestos de ventas en la calle, escucho música calypso.

Es para mi el mejor momento de una feria: cuando todo va iniciando, personas armando los cubículos, decorándolos, organizando sus tiliches de la mejor manera para que se vean atractivos y llamen mucho la atención. Inicio por el lado más alejado: hay puestos con acuarelas, grabados, litografías: también hay bolsos tejidos, cosidos, armados de sweateres viejos, de telas encontradas. Más adelante me maúlla un llavero. Tengo que llevarme esa cabecita peluda y morada. A la vuelta se me enrosca un collar y soy incapaz de abandonarlo a su suerte en esa mesa. Me encuentro con excompañeros, amigos, conocidos: algunos venden, otros visitan, otros están ahí disfrutando de la comida y el entretenimiento. Tropiezo con unas muchachas usando telares para tejer. Les hablo, les comento del grupo de tejido y la reunión este miércoles. Se ven interesadas, y sin importar si llegan o no, ya saben del grupo, y ahí pasarán la voz a otros o irán en otra ocasión.

Sigo el recorrido y frente a mi se materializan unos compañeros de la U. Todos los días veo el joyero que les compré el año pasado, con su tapa rayada, su bandeja removible y sus dos gavetitas. Ya es el último día de la feria y les quedan los objetos más caros. Me cuentan que les ha ido muy bien, han vendido de todo, ahora les queda dar por terminado con estos últimos objetos. Sé que el próximo año estaré en la feria y los veré y pensaré en esta reunión anual que se va haciendo tradición. Me siento y me como un pinto con natilla y dos monedas de pan baggette. Los villancicos son perfecta música de fondo. Tengo un vasito con café, un vasito con horchata y un tamal esperándome. Desayuno como los grandes, disfrutando cada bocado bañado en salsa lizano.

Aparece alguien a saludarme. Lo reconozco pero no lo ubico. Me refresca la memoria con una palabra: Monteverde, y es como encender la cinta de la memoria. Disfrutaba de un café en las mecedoras del corredor en el hotel, cuando se aparece alguien tomando fotos. Sigo con mi libro hasta que siento que me observan. Alzo la vista, un muchacho con un cojín de colochos rodeandole la cabeza me saluda y entonces lo reconozco. Compañero del Consejo de las Artes (sí, así con S), estudiante de arquitectura: Pasamos horas planeando Semana U, riéndonos de Debbie Ponchner y tratando de definir si necesitaba más aire, más luz o más agua para subsistir. Ahora me aparece ahí en Bellas Artes y lamento no acordarme del nombre. Conversamos un poco, esos intercambios de frases, palabras y saludos que sirven como para establecer un recuerdo, para que si algún día nos topamos nuevamente tengamos indicios de buenas conversaciones por llegar.

Debo ir al cajero: mi hermana ha visto una cartera espectacular y como me prestó plata para el CD de Baula Project ya no tiene con qué comprarla. Camino sin precisa. Ya no está el grupo de tai-chi, ahora hay unos muchachos en trajes multicolores practicando acrobacias circenses, una pareja entrelazada con las raíces de un árbol, y un muchacho muy alto paseando un doberman pincher con correa. Después del cajero voy en busca de cigarros. Ya tengo que admitirme que no clasifico como fumadora social: soy fumadora, punto.

Con una botella de agua y un paquete de cigarros regreso a conseguir la cartera roja. Roja cerezo, roja en piel de vaca. Cuero peludo y rojo, amarrada con tiras rojas también; tiras de vaca también. ¿Les he contado que eso de andar carne muerta de bolso no me llama mucho la atención? Hago el pago y salgo a buscar a la acreedora de la cartera. La encuentro haciendo otra compra. Frente a una narguilas, hay un block de papel con lapicero, en un estuche de piel labrado. Me llaman la atención las piedras y vidrios de colores del puesto contiguo.

Tagua: marfil vegetal que absorbe los colores y brillos que se le incorporen. Material rígido, duro y noble que da vida en vez de quitarla. Materiales nobles: madera, bambú, semillas, vidrio, papel. Yute, rafia, lana animal. Fuego también, pero el fuego no me lo pueden dar en una cajita, o en una bolsa, sólo consigo tener el fuego en el efecto que tiene en otros materiales. Unos aretes se enganchan en mis orejas y un colgante morado brinca a la cartera. Ya la billetera pierde grosor, se nota desinflada. Una última vuelta y unos alfajores nos hacen desviarnos antes de partir para la casa a descansar, a esperar: la feria ya terminó para nosotras.

6 Comentarios:

Anonymous xtian dijo...

hasta cuando dura eso?

...hablanos un día de estos del disco de baula project. me despierta mucha curiosidad, pero no tengo ni idea de cómo suena.

12:18 p. m.  
Blogger beto dijo...

Ah, la feria del gallinero de Bellas Artes, cuantos recuerdos de una carrera que me tomó una eternidad terminar :D

Yo fui el año pasado (para este se me puso complicada la cosa), ahi le compré unos collages a una muchacha que hoy adornan la sala de la casa. Tampoco es que estaban muy baratos :P

Pero siempre es un ride tuanis tener el chance de volver... por cierto vos llevaste carrera ahi o simplemente sos parte de las criaturas vivientes del macrocosmos sanpedreño?

1:11 p. m.  
Blogger medea dijo...

xtian: fue de jueves a sábado.. hasta el próximo año será la siguiente feria.

El disco de baula project todavía no lo he escuchado todo. Te puedo decir que es mega relajante: puse la primera pieza y quedé dormida...

beto: soy graduada de Artes Dramáticas, y el grueso de mis cursos los recibía en el aula 16 de plásticas y en el auditorio.. y disfruté muchísimo la comida en la soda de Don Luis. Aunque también soy del macrocosmos san pedreño.. por eso me quedó fácil ir a la feria a pegarme el vueltín.

1:19 p. m.  
Anonymous itzpapalotl dijo...

A mi me saltaron a la bolsa un collar de piedritas verdes y un cuadernito hecho a mano con tela de colores. Pero casi me matan unas maravillosas pajareras que hace una chica que se llama Paola, esas ya no me dejan dormir.

1:38 p. m.  
Blogger Sirena dijo...

Yo compré mi regalito de mí para mí: un grabado que había visto cuando fuimos a la feria de la Roosevelt, ¿te acordás? la que tenía un vocho, el grabado de la del pelo afro... de esos. Cuando lo enmarque, te lo presento con cafecito y casa nueva... estoy buscando.

11:55 a. m.  
Blogger medea dijo...

sirena, estás buscando casa? donde? si es en el lado oeste de la ciudad, podríamos hablar. :D

1:16 p. m.  

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