22 feb. 2006

La siesta

En países como España, todavía se mantiene la tradición de la Siesta. En algunas empresas visionarias le estan dando pelota a la onda del "power nap", una siesta de 30 minutos que repone energía y refresca la mente, para después poder seguir trabajando con un buen nivel de productividad. Quienes trabajan en casa pueden hacer la siesta cuando lo necesitan, y trabajar sin problema hasta altas horas de la madrugada, hasta que vuelvan a sentir sueño. El resto de los mortales nos vemos en la obligación de aguantar el sueño, tomar cantidades industriales de café y finalmente pegar la frente en el teclado cuando puede más el organismo que la voluntad. Y pobre del que tenga la mala suerte de ser agarrado por el jefe. Que injusticia que la noble siesta haya sido desplazada al rango de robo de comida, grafitti en los baños, y olvidarse de jalar la cadena: actividades "underground" que hay que dejar en el anonimato para no quedar como persona non grata en la empresa.


Cuando estaba en el kínder, recuerdo que había que llevar un paño para recostarme encima y poder hacer la siesta. Algunos llevaban almohadas, yo me bastaba con mis brazos, y ese delgado paño era lo único que necesitaba para estar cómoda. Que rayos estaban pensando? Crearon un monstruo! En el kínder me enseñaron a escribir, y seguí escribiendo el resto de la vida. Me enseñaron a leer, y seguí leyendo. Aprendí a compartir, a jugar, a contar, a pintar y todas esas otras habilidades básicas que si hubiera decidido no hacerles caso sería un ser desadaptado. Como buena chiquita, aprendí bien. Excepto que también aprendí a dormir la siesta, lo que no solo no me ha servido para manejarme en la vida, sino que se ha convertido en contraproducente.

Pasé cuatro años de la U dormida en todas y cada una de las clases. Era vox populi que yo sufría de narcolepsia leve. Mañana, tarde o noche. Frío, calor y sol. Lluvia, en ayunas, después de comer. Sencillamente no lo controlaba y caía profunda en las clases. Traté lo posible para no hacerlo. Tomaba café: me dormía abrazada a la taza. Me sentaba incómoda a propósito, despertaba con mitad del cuerpo entumecido y sin circulación sanguínea. Me sentaba junto a la ventana abierta cuando hacía frío, me ganaba un resfriado y los reproches de mis compañeros. Participaba activamente en clase, le hacía preguntas al profesor desde mi pupitre en la primera fila: el resultado siempre era igual. Eventualmente mis párpados superiores colisionaban con los inferiores y al final de la clase me despertaba con el sonido de pupitres raspando contra el suelo mientras mis compañeros mientras salían del aula. Tengo apuntes incomprensibles donde mis sueños se intermezclan con la cátedra: "El teatro ático antiguo estaba basado en las tradiciones religiosas mientras la mula brincó hablándome de las compras del supermercado". No aprendí a mantenerme despierta en clase, pero todavía tengo la habilidad que adquirí en esa época de hablar o de escribir mientras duermo. Suena increíble, exagerado, inverosímil, pero es cierto: tengo testigos presenciales que pueden testificar sobre la veracidad de mis declaraciones. Todavía a veces hago demostraciones improvisadas de mis esotéricas aptitudes de contar o escribir lo que voy soñando.

Cuando trabajaba dando clases de inglés, tenía un horario en que algunos días entraba a trabajar a las 7am, salía a almorzar a las 11 y tenía que regresar al trabajo hasta las 4pm. Salía a almorzar con el que era mi novio en ese momento y a la 1:30 mi reloj biológico se apagaba y caía profunda en el sillón de la sala. Tomaba una maravillosa siesta hasta las tres y salía de regreso al trabajo. De pronto no sólo era una delicia estar haciendo la siesta matutina sino que, si por algún motivo era la 1:30 y no estaba en casa, sobre el sofá, dispuesta a dormir, mi transformación era similar a la de Dr. Jekyll, y no había quien me aguantara. Pero con una siesta encima, era toda una gatita ronroneante con paciencia para tolerar grupos de estudiantes que esperaban aprender inglés a pura nota presencial, porque jamás se dignaron a abrir su libro.

Ayer conversaba con mi hermana sobre el poder hipnótico y soporífero que tiene ese sofá de la casa. Basta que uno se siente en el para que de pronto se le ocurra que la mejor posición para concentrarse no es sentado, sino un poco más recostado en el descansa brazos. Antes de darse cuenta, ya está uno con los pies sobre el sillón, con la boca abierta y un gato o dos recostados a la par, haciendo armonía con los ronquidos. El sofá no es bonito. Tal vez alguna vez lo fue, pero ya más de 10 años después su tapizado crema y peludito tiende al gris, sobre todo en los cojines. No hay lugar que disfrute más para una siesta que ese sofá. Si bien cualquier otro lugar es una potencial pista de aterrizaje para su servidora, ese sofá es el Olympo. Son los jardines Elíseos junto a los colgantes de Babilonia. Es una maravilla. Y cómo lo extraño.

Ese organismo entrenado para dormir en las tardes ahora se encuentra sentado frente a un monitor, tratando de ser creativo y productivo, pero los ojos se cierran involuntariamente y entonces siento ese silencio momentáneo que implica que mi cerebro se va apagando por secciones. Necesito dormir. Necesito hacer la siesta. Necesito colapsar inmediatamente, insiste mi cerebro y organismo. Pero debo ir en contra de todo eso para quedarme despierta. Pido café. Tomo té. Salgo a echarme un cigarrito en el ventolero a ver si me despierto. No me duermo, pero tampoco estoy despierta, tampoco produzco, tampoco avanzo. Sé que si fuera posible echarme un ratito debajo del escritorio, si pudiera trabajar cuando mi cerebro anda en hyperdrive, si pudiera dormir un poco más tarde y no marcar tarjeta, el mundo sería formidable. Dormiría cuando tuviera que dormir, trabajaría cuando hubiera que trabajar, produciría cuando me entrara la creatividad y el orden natural del universo sería reestablecido.

Mientras tanto, cuento los minutos hasta que pueda llegar a extenderme sobre el sofá.

diccionario onírico:
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12 Comentarios:

Anonymous cigarra dijo...

Te entiendo. Para mi el sueño es absolutamente sagrado.
Pero en mi caso no es porque aprendí a dormir la siesta así como aprendí a escribir, sino que simplemente tengo la dicha y desgracia de poder dormir cuando sea, en donde sea, por la razón que sea. Por horas además, eso de dormir 30 min para mi es inaudito...

5:06 p. m.  
Blogger beto dijo...

Algunas observaciones de mi propia experiencia como conejillo de indias:

- El calor es el peor enemigo de la productividad (más ahí donde estás, lo sé por experiencia). Si no tienes aire acondicionado en la oficina, que por Dios o por quien sea pongan uno, y que funcione ojalá a niveles de refigerador. Cómo me jode que algunas empresas sean tan mezquinas que ni eso ofrecen.

- En la U, el bus de regreso a casa era mi "power nap station". La habilidad de programar el reloj biologico para despertar cien metros antes de tu parada es todo un arte, hay que decirlo.

- Las clases de filosofía e historia del arte eran el mejor remedio contra el insomnio.

- Aparentemente en España ya les están quitando la siesta a los empleados públicos.

-Tengo la maldita costumbre de ser noctámbulo, y no sé ni qué voy a hacer cuando me toque dentro de poco un brete de entrada a las ocho. A veces preferiría un seminario de tortura china.

8:27 p. m.  
Blogger alefux dijo...

también me encanta entregarme a los brazos de Morfeo... es un placer indescriptible... para mí dormir es estar en animación suspendida mientras tu cerebro recrea un mundo paralelo donde todo es posible, pasas en relax total, ojos cerrados, tan solo respirando...
lastimosamente, en mi caso particular, cuando esa animación se ve alterada no logro esconder la cara de gato atropellado con la que inevitablemente amanezco...

8:47 a. m.  
Anonymous Edd dijo...

Rico post....
No hay nada mejor que dormir cuando se necesita, la cagada es cuando se vuelve un vicio, y ese vicio pasa a ser extremo y al final de cuentas.. nunca se descansa.. aunque se duerman 20 horas seguidas.

PD1: (No le de gusto a ese spammer de las notebooks, borrele los comments).

9:49 a. m.  
Anonymous Kaos dijo...

Yo suelo ser más productivo por la noche... y bien que me tomo mis siestitas :)

Debería ser algo obligado! Como el tiempo para comer!

1:20 p. m.  
Anonymous Kaos dijo...

Por cierto... escribes dormida??? Que divertido debe ser eso!!!

YO hablo dormido... a veces...

1:22 p. m.  
Anonymous Lilly dijo...

Bueno, oficialmente me acabás de hacer la boca agua. Porque salir a las once de la noche (que es lo que me espera hoy) es suficiente para que uno se esté deseando una siestecita desde que va camino al brete.

Lo peor de todo es cuando uno tiene el superpoder de dormirse en cualquier lado, momento y posición y no puede hacerlo. TORTURA!!!

No te parece que el tomarse una siesta en el trabajo debería incorporarse a los Derechos Humanos?

3:20 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Ohhh por Dios Medea, como te entiendo. Paso por las mismas cabilaciones todos los santos días de Lunes a Viernes desde que tengo este horario matador de 8 a 7. Las cosas tienen que cambiar, que el dormir no se haga vicio, pero poder hacerlo cuando se tiene esa imperiosa necesidad fisiólogica.

3:55 p. m.  
Anonymous aldo pontigo dijo...

Jajaja, yo sufro de lo mismo, lastima que en la escuela de medicina donde voy no dejen hechar la siesta, ademas que dejan tarea como para no dormir en 3 noches a y me faltaba asisto a clases de 7am a 7 pm afortunadamente tengo 2 hrs libres y si no tengo nada que hacer, tengo un arbolaso con buena sombra donde me tumbo y puedo dormir placenteramente, ademas que hay clases donde el catedratico no se da cuenta si estas escribiendo o estas durmiendo asi que pongo a practica ciertas habilidades, que por necesidad he hechado avante.
saludos desde acapúlco, mexico.

11:17 p. m.  
Blogger Yarlita dijo...

me dio una crisis cataplegica ultra leve cuando lei lo ke decian tus apuntes, los mios son muy parecidos, y los aotaria si los tuviera, pero los borre intentando ecribir bien lo que tenia ke decir (despues de las clases pedia los cuadernos e mis compañeros de curso)...

Mi nmbre es Carla, 23 años y vivo con el amigo narcolepsia hace mas o menos 10 u 11 años...

Saludos

12:16 a. m.  
Blogger Yarlita dijo...

Creo que algunas personas no comprendieron el mensaje...

12:18 a. m.  
Blogger Nunilo dijo...

Muy interesante el artículo. No sabía que se estaba poniendo de moda la "power nap" yo lo he intentado alguna vez, pero mi compañero de piso le daba por roncar y la verdad es que es un problema muy molesto y muy grave, aunque hace poco encontré esta interesante página con consejos para dejar de roncar y la verdad es que me fue bastante bien, me acuerdo que siempre le decía que durmiera de lado y la verdad es que funcionaba y por cierto, es verdad que a veces una buena siesta te reconforta muchísimo.

10:42 a. m.  

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