23 mar. 2006

Deriva

Busco maneras de no contagiarme con una negatividad que me acecha como si fuera un virus que da vueltas por los aires acondicionados de la oficina para encontrar alguna manera de entrar en mi. A veces puedo estar tan segura de mi, y otras veces siento cómo que no valgo un cinco. Odio las entrevistas. Odio los examenes. Odio sentir que no sé que no sé. Salgo de un examen con la sensación de "me fue remal", independientemente de los resultados. Aunque después me llamen y parezca ser que no me fue tan terrible. Las entrevistas que doy sentada en una sala de conferencias con una seguridad que podría ser prestada porque definitivamente no la siento propia. La salida y el "don't call us, we'll call you" que no sé si es simplemente burocracia o una indirecta tratando de hacerme entender que el trabajo no es para mi. El pantalón me queda más apretado, ya no es cómodo. Será retención de líquidos o simplemente estoy más gorda por comer como desaforada en la oficina. Bolsas de confites pasan frente a mi y los como compulsivamente, es simplemente otra forma de hacer pasar el tiempo, de tener un poco de dulce en mi boca para contrarrestar el amargo del corazón.


Por qué no logro reír, no logro sonreir. Busco sustituir ese hueco que siento en el alma con actividades innumerables. Realizar estatutos para una organización, programar talleres, ponerme de voluntaria para ayudar en lo que sea, cuando sea, donde sea. Aplicar para trabajos que requieren viajes, porque quiero ser alguien importante, quiero ser una persona de mundo, de esas a las que les pagan tiquetes y viáticos y en las que invierten porque tienen fé en ellas. Quiero ser reconocida, quiero ser valorizada, pero a la vez tengo miedo que en el proceso de valorización salga con puntaje negativo. Que resulte que me pusieron en la balanza y mi bolsa de 1 kg de valor en realidad pese 800 gramos.

Odio los No. Los aborrezco. Sobre todo cuando tienen que ve conmigo. No me gustan los "no", y el temor a ellos ha hecho que no haya aprendido a utilizarlos. Cosas pequeñas, pequeñas peticiones a las que respondo con un NO rotundo, aunque luego vaya a hacer lo que dije que no haría. Sólo por no perder la práctica, para poder decirme a mi misma, hey, medea, sí sabes decir que no! Digo los nos sin querer, sin estar convencida que esa es la respuesta, como un reflejo. Cuando realmente pienso en la pregunta y le pongo cabeza, no salen. O salen mal, conchos, a regañadientes. El no es tan absoluto. Hay 3513515 mil versiones del si. Sís convencidos. Sís inseguros. Sís prometedores y sís comprometidos. Pero "no" sólo hay uno. El definitivo. Y funciona a la inversa, Pedir algo realmente importante se vuelve una odisea, el pánico de recibir un no como respuesta me paraliza.

Puedo poner cara de seguridad en este momento, pero estoy en un vacío. En un mes ya no estaré acá en esta empresa. Confío que me llamen, que me avisen que mis habilidades son ideales para el puesto para el cual me entrevistaron. Pero a la vez miles de preguntas dan vueltas en mi cabeza. Me gustará, les gustaré? Estoy siendo ridícula o prevenida? Debería estar sentada con el celular en vibrador en la bolsa por aquello que me llamen? Será que necesitan a alguien ipso facto y preferirán a otro que pueda empezar inmediatamente? El trabajo que me proponen me interesa. Me da un brillito en los ojos que me intriga. Tiene potencial, tiene las características de un trabajo que me podría gustar. Confío en que sea así, porque firmar un contrato de un año y darme cuenta a los meses que no es para mi me da un no se qué. Es inevitable, a todos nos pasa, TODO mundo pasa por eso. Pero eso no lo hace más fácil para mi.

Y veo que mi vida está precariamente equilibrada en una carga inestable de no sés. Y quito una piedra para estudiarla y en mis manos se convierte en un No quiero saber. Me debato entre tener una vida predecible, rutinaria y tranquila, o el de tener una vida incierta y aventurera. Morir de tedio o de la angustia. Cuando voy al este pienso en las rutas que no tomé hacia el oeste, y si volteo al oeste, me llama la oportunidad interrumpida del este... sin embargo, el norte magnético se rehúsa aparecer en mi compás mental.

Y me doy lástima al final de cuentas. Con todo a mi favor, tengo que buscarme problemas. No puedo estar satisfecha con mi vida a como está en este momento? Si ya tomé una decisión, no es mejor apechugar y seguir adelante? Dudo de si estoy complaciente y mediocremente satisfecha con una vida a la que le puedo dar mas, o si estoy buscandole la 5ta pata al gato y tratando de arreglar lo que no está dañado. El debate eterno entre pedirle demasiado a la vida o conformarse con muy poco.





3 Comentarios:

Anonymous Edward dijo...

Suena rata, pero me gustan este tipo de posts .... son geniales.. .muestran demasiado ... mucho se puede identificar...

Pero bueno, suerte... y le comprendo el hecho de cambiarse de trabajo y buscar y decidir... es demasiado complicado x mas simple q a veces parezca... dar un paso por esos caminos es como caminar en un puente de madera posiblemente podrida...

La vida es puro cambio, ayer escribí algo en mi maldito deletreo de eso justamente, x si se kiere dar una vuelta.

12:36 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Si te sirve de consuelo, no estás sola! Yo me siento así todo el tiempo... soy muy insegura y sé que al elegir A pierdo B y C y D pero al menos uno solito tomó la decisión y como decís, hay que apechugar con las elecciones hechas, y si al final fueron erradas, pues es cuestión de buscar un nuevo comienzo, una nueva oportunidad porque, por dicha, ni lo bueno ni lo malo es para siempre.
No creo que haya nadie que pueda ser natural en una entrevista de brete... y tampoco creo que existan mujeres que no se consuelen con bolsas de confites. Tranquila!!!, todo va a salir bien.

1:14 p. m.  
Blogger Bellydancingknitter dijo...

hugs!!

2:33 p. m.  

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