23 mar. 2006

FIA: Tout l'hiver sans feu

El FIA con sus actividades al Aire Libre es un gusto que nos podemos dar por estar en esta época del año y contar con un clima que nos ha colaborado hasta ahora. Pero definitivamente los encargados de hacer honor al nombramiento de San José como la capital de la Cultura Latinoamericana han hecho una labor espectacular.


Salí del trabajo a la hora de siempre y de pronto estaba en Sabana Sur. Había quedado de verme con mi hermana para ir al FIA, pero apenas eran las 5pm y la cita era a las 7:30. Las presas, el transporte el ajetreo evitaron que me dirigiera a casa.. cuál era el sentido de ir en bus al lado Este de la ciudad para llegar a mi casa y tener que salir nuevamente? Así que decidí matar un poco de tiempo antes de encontrarme con ella. Podría ir a ver el bulevard de los artistas, pero eso lo haría con ella. Unas llamadas después quedé en esperarla con la novia en las inmediaciones de la Sabana. Con tiempo para matar, fui a un lugar que por muchos años fue sinónimo de entretenimiento: La Universal de la Sabana. La decepción no se hizo esperar. Ya no soy niña que se emociona con los juguetes que venden: la mayoría son aparatos tecnológicos que matan la creatividad al darte un carrito que ya hace todos los sonidos por ti, que además viene con 3 pistas diferentes y está tan especializado que solo ruedan las llantas si está sobre su mantelito electrónico. No más carreras por los sofás de la sala, no más recorridos debajo de la mesa del comedor con estos carros que hacen tanto y a la vez hacen tan poco. Entonces caminé por los estantes de materiales artísticos, pero sin proyectos específicos, mi mente no hallaba asidero en los objetos empacados. Fui por la zona de muñecas, por los empaques, evité la zona de cosméticos y perfumes por aquello de un impulso de conseguir más cosas que no necesito. Objetos para el hogar, libros. Todo tan caro, tan poco entretenido, tan mundano. Cosas que se consiguen igual ahí que en cualquier otra tienda de cualquier otra parte del mundo.

Todo un contraste con el Bulevard de las Artes. Pude avanzar comiendo mi mango sele en vasito con sal y limón y observar pinturas, cuadros, joyería. Hacían caricaturas en un toldo, personas sentadas frente a los dibujantes y esperando con ansias ver sus características exageradas. Recordé la colección de caricaturas que estan en un libro que mi papá nos escribió a mi hermana y a mi: Año tras año posamos frente a caricaturistas para terminar con un retrato a lápiz fotorrealista. Tan realista que ver el retrato de mi hermana lo hace a uno sentir mal... casualmente el día del retrato fue también el día que la internaron para operarla por apendicitis. Recuerdo también la manía de mi papá de "adoptar" artistas. Sabás Mandinga, poeta el cual escuchamos hasta el cansancio en cualquier paseo por la ciudad ya que mi papá había comprado todos y cada uno de los cassettes, si no es que lo estaba llevando de una lectura de poesía a otra. Seferino Quisca, el dibujante que mi papá encontró alrededor del parque de Miraflores y a quien le pidió múltiples dibujos a lápiz de la familia, y que con ansias de fomentar su habilidad artística también le compró óleos, lienzos y pinceles para que aprendiera a pintar en óleo, un medio mucho más mercadeable, según mi papá. Todo esto se me ocurre mientras camino por los toldos de artistas. Pocas cosas me atraen lo suficiente como para vencer la resistencia a esa "cuarta pared" que está entre el toldo y el resto de los peatones, pero unos collages hechos con billetes de chances logran atraerme. Mi hermana medita sobre el "nosequé" que hace que uno se atreva a mirar de cerca las obras. La mayoría de pinturas las pasamos de largo, son muy pocas y muy espaciadas aquellas que nos llaman para que las observemos con detenimiento. Para mi, es la técnica. Una técnica interesante me llama. Las miniaturas me atraen, las cosas abigarradas y convulsas y complicadas me invitan a desenmarañarlas. En cambio, pinturas sosas, diseñadas para gustar a todos son como repelente. Bodegones... ni siquier los determino. Veo muchos toldos vacíos. Será la hora, será que entre haber ido a recoger a mi hermana y regresar se cerraron todos los chinamos? El único puesto de artesanías tiene un grupo de personas alrededor. Apuesto que si fuera 5 horas antes y hubiera 3 otras mesas con joyería nadie se detenía a ver ninguna de las tres, pero a estas horas es lo exótico, lo diferente, la propuesta que da variedad a tanto cuadro y grabado y litografía.

Las manzanas escarchadas son mi debilidad. Nunca las como, porque ya aprendí que disfruto mucho más la idea de una manzana escarchada que el comerme una. La desilusión de saber que el dulce rojo sabe sólo a azúcar y no a "rojo", la manzana arenosa y la imposibilidad de comerme una sin llenarme la nariz de maní evitan que caiga en la trampa de comprarla. Prefiero tener la ilusión y la idea de que son algo delicioso, a comerla y darme cuenta que no es así. Mi hermana si se da el gusto y se pide una bolsa con churros. Desde que entramos pensaba en los churros y se los saboreaba. Le doy un mordisco a uno y la mala suerte está conmigo y a mi boca lo que llega es un chorro de aceite que absorbió la masa. Los churros no son lo mío. Tal vez el algodón de azúcar, pero tengo una maña en que si no está recién hecho, es decir, si no veo el proceso de echar azúcar a la máquina y sentir como el calor hace que esos gránulos se conviertan en finos filamentos que se derriten con la humedad, no me gusta. Eso de algodón en bolsa es quitarle la emoción al proceso mágico de ver cómo Dios hace las Nubes. La máquina está apagada y sólo las tristes bolsas multicolores con su palito de bambú están como compacto recuerdo de la alquimia infantil.

Entonces regresamos por el lago, la obra de teatro está en su apogeo. Muchas personas rodean el lago, sentados casi que con los pies en el agua algunos, otros sentados en la acera. La mayoría están sentados del lado que no es... pero con un escenario en el agua es difícil saber qué lado es el frente y cual es atrás: tal vez la obra no tiene frente. Estoy en la plaza a la par del lago, donde en momentos va a comenzar una película y pasa el tren. De pronto me traslado a cualquier otro país. Un país fantástico donde hay teatro gratis, películas gratis, arte gratis. Donde hay un tren que transita, también gratis, ese día. El alegre silbido del tren me implanta una sonrisa en el rostro. Estoy en un país así, estoy en una capital así: estoy en San José, en un lugar que también ha sido retomado en la noche nuevamente por las personas de bien. Como hace un mes en el concierto de la papaya, estoy en la ciudad de noche, estoy en lugares prohibidos y anteriormente peligrosos que se vuelven inocentes y dóciles a manos de las masas, a manos de grupos de personas. Vamos por la manta, los cojines y las cobijas. Ya van a ser las 7:30 y comenzará la proyección de una película francesa. Nos echamos en el zacate y esperamos que comienze el programa. Alguien se acerca a preguntar por la película: ya son las 7:45. Los encargados responden que estaba programada para las 7:30, pero como todavía está la obra de teatro van a esperar a que termine para no distraer al público con la película. El respeto por lo que hacen los demás, la tranquilidad con la que nos quedamos esperando que iniciara la obra. Llegan más personas, una niña le pregunta al papá que a qué hora comienza la película "sin fuego". Finalmente se da el inicio, comienza la proyección. Se ha llenado la plaza con personas acostadas en el zacate. Algunos sin preocuparse por su ropa, otros han encontrado cartones en los que se pueden sentar. Parece que algún empresario emprendedor se ha puesto a vender pedazos de pelón a los asistentes para que se protejan la ropa. Las estrellas se asoman entre las nubes que parecen ser de azúcar, inicia la proyección. Con un tacto que me gustó y que arrancó aplausos de los asistentes, los encargados piden amablemente a los vendedores de "papasplatanosyuquitas" que por favor traten de no cruzar por entre la gente ni de vender en voz alta sus productos, ya que eso puede interrumpir a las personas que están viendo la película. Y lo piden de tan buen modo que los vendedores terminaron haciendo caso.

La ciudad, el cielo estrellado, una película francesa, de esas que no tienen un final hollywood y que a los latinoamericanos nos fascinan por eso mismo: porque como nuestras vidas, nunca están resueltas completamente. Para ver vidas con finales felices tenemos las novelas, al cine vamos a buscar otra cosa. Niños, adultos, jóvenes: locales y extranjeros. Todos ahí sentados bajo el cielo abierto, en silencio, disfrutando de Un Largo Invierno sin Fuego. Pero si algo sentí ese día en La Sabana, fue mucho, mucho calor humano.










2 Comentarios:

Anonymous Paula dijo...

...Y en momentos así es cuando uno siente que se puede hacer la diferencia y que vale la pena recorrer esto que llamamos vida... No todo son carreras, también hay maravillosos espacios de encuentro... Gracias por animarme! Procuraré ir al FIA antes de que termine

7:08 a. m.  
Blogger Cianuro dijo...

wow... estar acostado a las 8 pm en la sabana viendo las estrellas.. que sensacion!!!

ojala sigan haciendose estas actividades!!

9:50 a. m.  

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