2 may. 2006

California

Puedo decir que me gusta un trabajo cuando me siento enferma y prefiero quedarme haciendo horas antes de ir a descansar, porque por lo menos me distraigo más. Cuando es hora de irme y estoy dispuesta a quedarme un ratito más a terminar reportes, cuando son casi las 6 y sigo aquí.


Definitivamente me gusta entrenar personas, dar capacitaciones. La inseguridad que pueda sentir se disuelve apenas estoy frente a un grupo de personas a la expectativa, con ganas de saberlo todo. Mi manera de aprender las cosas es haciendo. Y una forma de hacer es enseñar. Porque al tener que dar la talla respecto a lo que estoy mostrando y tener que respaldar conocimientos hace un tatuaje de información en mi cerebro.

Me gusta estar acá. De hecho, por más que suene frío, me gusta esta soledad. El salir del trabajo, cruzar la calle y meterme al cuarto de hotel. Saco mi bordado o mi libro, tejo, veo televisión. Ayer hasta fui al gimnasio para plasmar el gesto simbólico de usar la elíptica por 30 minutos. La rutina que me he ido haciendo me satisface. Levantarme a las 6:30, bañarme, vestirme y encontrarme con la supervisora a las 7. Ir a desayunar al comedor del trabajo, laburar, a las 12 almorzar, salir a la hora que se pueda: de 4:30 a 8:00 pm dependiendo de lo que haya por hacer. Dedicar la tarde a mi misma, socializar si me da la gana.

Extrañamente, es justamente esta soledad la que me ha hecho pensar en lo que quiero de mi vida. Y las respuestas llegan a mi justamente cuando las externo. Cuando le digo algo a alguna amiga, cuando hablo con mis papás y me doy cuenta que ese comentario que hice tiene ese sabor de verdad. No las Verdades con mayúscula, pero esas pequeñas revelaciones de la vida día con día.

Poco a poco me doy cuenta que lo que quiero para mi no necesariamente es lo mejor para mi. Que mi criterio ha estado fallando, que en muchos aspectos he pecado por confiada. Las personas cambian y de pronto me doy cuenta que no soy la misma y mis amigos no son los mismos y todos cambiamos: en muchos casos cada vez que uno se ve es como "reconocerse", en otros casos es sencillamente momento de decidir que uno no tiene velas en ciertos entierros. Pero tampoco puedo decidirlo de antemano: no puedo predecir mis reacciones, no puedo presuponer lo que otros harán. No hay guía para el mundo ni mapa para la vida como para que me crea competente en descifrar los caminos que seguiré. Mi solución por el momento es dejarme llevar un momento por la corriente. Pero no como hoja que anda dando vueltas en cuanto remolino se le atraviesa, sino como barca que aprovecha la corriente para guiarse y avanzar. Aceptar que el mundo de planes grandes y maquiavelicos no funciona muy bien conmigo en este momento.

Después de un par de años de dedicarme a buscar proyectos de vida, planes, metas a cumplir, me doy cuenta que pasé la mayoría de ese tiempo obsesionandome por tenerlos, y no por cumplir algo. Tener planes no me ha llevado a ningun lugar en el que quisiera estar. Los mejores momentos los he pasado justamente así: en el momento. Hay que replantear estrategias, buscar nuevas formas de enfrentarme al mundo de "los adultos".

Ahora lo que necesito es quedarme un rato cobijada lamiéndome las heridas y eso está bien. Ya no me recupero tan rápido como lo hacía antes: el cuerpo y alma ya van demostrando que los años pasan por algo.

Estar aquí es el oasis. El descanso. Mi paraíso de 8 horas y más concentrada sin parar y 8 horas para disfrutar y 8 horas para dormir. El lugar lejano en el que podré dejar convaleciente al corazón hasta que sane y lo pueda utilizar otra vez. Los nueve puntos que me cruzan la mejilla derecha son mi termómetro. Sé que aunque ahora la cicatriz se ve oscura y mi piel está frágil, pronto soldará bien y lo que quedará es un recuerdo de este viaje. Un record en la piel de lo que sucedió con mi corazón.

3 Comentarios:

Blogger Sneaksleep dijo...

Me alegro que tengas este oasis en tu vida para descansar, existir en el momento, reflexionar, y conocerte mejor. Es tan importante. Y si en algún momento precisas de amigos para ayudar en la convalesencia, aquí estoy.

9:04 p. m.  
Blogger Citrus dijo...

We've be on the run
Driving in the sun
Looking out for number one
California, here we come
Right back where we started from

Well, hustlers grab your guns
The shadow weighs a ton
Driving down the 101
California, here we come
Right back where we started from

California
Here we come


Phantom Planet... me encanta esa song! Saludos Medea, años sin leerte!

3:25 p. m.  
Anonymous Koszta dijo...

¡Felicitaciones!
Te están sucediendo cosas importantes, te das cuenta de que te suceden y estás decidiendo qué hacer con lo que te sucede. Eso es lo que llamo adquirir Experiencia. Y por otra parte, simplemente estás Creciendo. Crecer en la vida es traspasar límites personales; probar capacidades que uno creía no poseer.
Y sin querer entrar en polémica. Un día me hicieron ver que la palabra entrenar mejor no la empleara cuando le trasmitía conocimientos a alguien. Que mejor utilizara el concepto de Capacitar y dejar Entrenar cuando fuera ciertamente eso: enseñar a hacer cosas maquinalmente como a los perros, etc. A veces Capacitamos, a veces Entrenamos. Yo prefiero Capacitar siempre que sea posible. Estoy seguro que tú y muchos de los que por aquí pasan aceptarán esta propuesta.

1:25 p. m.  

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