3 may. 2006

Ex Libris

Ya voy entendiendo el significado de ese sueño de hace unos días. Mi cabeza y cerebro están en efecto llenos de libros. Cada persona que entra en mi vida ingresa a esa base de datos literaria. Algunos tendrán apenas una entrada en un diccionario. Otros serán un folleto mimeografiado, algunos un recorte de revista en un album, otros llegarán a tener cuentos y algunos serán novelas. A veces encuentro que alguien de pronto sacó una secuela, y ya hay tomo 1, 2 y 3 de nuestra historia.


A veces paseo por esos estantes y agarro un libro que me siento a revisar. Recuerdo momentos, situaciones, circunstancias. Aquella fiesta. La sucesión de miradas. Un revolcón. Una aventura de extrema adrenalina. Hay otros libros que evito como la plaga. Estan cubiertos de polvo y arrinconados. Tal vez algún día quiera regresar a leerlos, pero no me siento preparada todavía. Hay personas y situaciones que es mejor olvidar.

A ratos me gustaría que mi biblioteca siguiera el sistema Dewey, todo rotulado, en orden y en su lugar. Pero tiene más de compraventa que de Carlos Monge. Eso le da una sensación más hogareña. Puedo sentarme en el piso a rebuscar en los estantes bajos, o a leer unas cuantas hojas. Encuentro tesoros donde no los estoy buscando. De pronto ingreso por material de estudio y aparece una novela que me recuerda tiempos mejores y divertidos. Busco los romances y aparece una revista de teatro que me recuerda del mundo escénico. Hay libros como la historia sin fin que tienen texto en dos tipos y colores de letras que cuentan historias paralelas. Otros son como escoja su propia aventura, donde salto de página 1 a la 34 y regreso a la 3. Otros parecen inspirados en
Hocus Pocus: un libro hecho de frases escritas en facturas, servilletas o papelitos encontrados. Y claro, entre los dramas, cuentos y poemas (porque hay gente que solo alcanza para un haiku), también estan las novelas de unidades aristotélicas que cuentan historias de manera lineal y con inicio, desarrollo y desenlace, o como dicen los japoneses: Jo ha kyu.

Estaba leyendo la historia más reciente de mi vida. Apasionante y apasionada historia que me mantuvo pegada al libro, pasando página tras página, disfrutando la aventura. De pronto me cambiaron los personajes. Tenían los mismos nombres pero no se comportaban de manera coherente con lo anterior, y tampoco habia una justificación para el cambio. Lo seguí leyendo extrañada para ver si era solamente un capitulo el que estaba raro, pero pasaba las páginas y seguía en el mismo ritmo y ambientación desconocidas e inesperadas. Cerré el libro. Ahora no me decido si quiero saber que le pasa a estos personajes o ya me dejaron de importar.

Sin embargo, todavía ando jalando el libro a mi lado. Está en mi mesa de noche, en mi cartera, a la par del sillón en el que me siento a bordar. No lo abro, pero tampoco lo suelto. Siento rabia con el autor por no darle un final digno a la primera parte. Que va, ni siquiera un final:un barato deus ex machina, o un "de pronto se despertó". Rien. Nada. Nothing. Por otra parte, tal vez si hay una razón para ese cambio, pero tendría que llegar al final, sufrir durante el camino y se entendería en el último capítulo cuando las piezas cayerna a sus respectivos lugares. Como en 100 años de soledad con su guerra de los 100 años, como en mujercitas cuando Jo le dice que no a Laurie. Pero que pasa si no tiene sentido? Si sencillamente es un libro de esos que desilusionan, un experimento literario al mejor estilo dadaista, un ejemplo de teatro de la crueldad hecho novela?

Extraño a los viejos personajes. Los que eran interesantes, atrevidos, arriesgados y seguros. Los que se tiraban a la vida de lleno. Porque los que estan ahora con sus inseguridades, depresiones, tristezas, miedos e incertidumbres no me interesan. Será que eventualmente encontrarán un punto medio?


No sé si tendré paciencia para terminar de leerlo o si voy a regresar el libro al librero. Archivarlo. Y tal vez regresar en otro momento a leerlo con más perspectiva, a notar las advertencias, las claves, a darme cuenta que se me pegaron un par de páginas y por eso no entendía lo que pasó después.

En cualquier caso, el libro seguirá ahí. Eventualmente será uno más de tantos, dejará de importarme y de estar presente en mi mente, hasta que llegue un día y me lo tope cuando busque información de costura, de televisión, de pop culture. Y me acomodaré en uno de tantos cojines y me sentaré finalmente a leerlo todo.

3 Comentarios:

Blogger Sneaksleep dijo...

Muy interesante la metafora. Creo que algun dia tendras la voluntad de terminar de leer ese libro, pero no hay ninguna ley que te obliga a hacerlo ahora mismo.

8:45 p. m.  
Blogger Javier el Gusanoide dijo...

Cool, quien será representado por el kamasutra???


LOL

10:04 a. m.  
Anonymous itzpapalotl dijo...

Talvéz te quedaste esperando el final feliz, el "chan chán" del tango, la metáfora de cierre, la reflexión aleccionadora, o al menos la trágica muerte de todos los involucrados. Pero la mayoría de las historias de verdad no tiene nada de eso, sino que tiene un final arbitrario o poco informativo, como cuando el coronel le dice a su esposa que de ahora en adelante comerán mierda.

Para mi la experiencia del libro, y la de las personas, es que te dejan pasar con ellos una temporada de eventos extraordinarios. Lo importante de saber está entre tapa y tapa, no necesariamente al final. Los finales a veces sirven como un silencio que se hace para comenzar a vivir la vida propia después del libro.

9:55 a. m.  

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