13 jun. 2006

cambios

Los colores son más brillantes, los olores tienen diferentes tonalidades, la sinestesia me rodea y saboreo los sonidos y bailo al son de los paisajes. Camino con un pasito más ligero. Voy escuchando Caifanes, Dixie Chicks, Massive Attack, Mecano y otros mientras cruzo el centro de la ciudad. El desorden de la ciudad es un lindo antídoto al mundo ultra organizado e higiénico del pueblo californiano donde estuve por más de un mes. Improviso. Hago llamadas media hora antes de algún evento para ponerme de acuerdo con amigas con direcciones y puntos de reunión. Le paso encima a mi plan de ponerme a lavar ropa por el llamado de cervezas y conversación. Al día siguiente hago lo opuesto y me quedo en casa lavando en vez de ir a una reunión. Quiero disfrutar y seguir alimentando una incipiente flexibilidad que recientemente comenzó a crecer en mi vida.


Creo que este viaje me cambió la perspectiva. He llegado con nuevos ánimos, ganas de hacer las cosas diferentes, de cambiar la manera en que veo el mundo. Con cosas que han sucedido, me doy cuenta que mi manera de enfrentar situaciones ha cambiado. A la vez, mi pasado comenzó a asomarse en mi vida desde mi regreso. Mis días de líder de grupo voluntario en la zona sur los recordé de golpe cuando me encontré hablando con alguien sobre la parada de bus, la soda y el lugar más bello sobre la tierra. Esta misma persona menciona unas clases de yoga y resulta que es una excompañera de la U quien las da.

Voy a las clases de yoga y es en el mismo gimnasio donde entrené Capoeira: nuevamente están entrenando ahí. Me veo con mis excompañeros de batizado, Coruja y Capitão. Haciendo cuentas, son más de 5 años desde que estuvimos juntos en una roda. Me pica la espina de regresar. De entrar nuevamente a sufrir y disfrutar y ser feliz, como lo era en ese entonces a punta de sudar la gota gorda y sentir que las piernas se me caían a pedazos.

Voy a un blog ajeno y leo lo que escribí ayer y no puse en mi página. Me topo gente conocida a quien hacía mucho no veía. Leo libros que me hablan directamente al alma. Tengo amigos y amigas que están pendientes de mi y me quieren. Llego a mi escritorio y veo que alguien me dejó su vasito con chocolates en el organizador del escritorio. No averiguo quien fue, simplemente lo acepto como un gesto que alguien pensó en mi. Es una extraña sensación la que tengo.


Creo que estoy feliz. Estoy feliz de estar de regreso. De estar haciendo cambios planeados por tanto tiempo y no llevados a cabo. De estar accionando en vez de gastar energías en pensar en por qué no se puede.

Estoy en el camino de moverme a mi propio ritmo. Comer cuando tengo hambre, dormir cuando tengo sueño, caminar cuando necesito moverme de lugar, sentarme si quiero descansar. No quiero esperar por otros, después de haber esperado en tantas otras ocasiones, estoy escogiendo otra ruta.

2 Comentarios:

Blogger lamortaja dijo...

Me alegra que el mundo sea tan pequeño y en esa tarde de tejedoras hayamos descubierto tantas coincidencias. Mucha suerte, que disfrutés todo este proceso!
Saludos!

2:59 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

pueblo californiano tan plástico, artificial y asqueroso, pero con sus rincones naturales bellos y sus contrastes, es insoportablemente bello. bienvenida a casa.

12:33 a. m.  

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