19 jun. 2006

Cuánto tiempo es suficiente?

Tengo un pichel de cerámica. Puedo ponerle flores secas, cucharas de palo, guardar facturas o usarlo como adorno. El pichel es azul con verde, jaspeado y se le ven lunares blancos y negros. Tengo que confesar que me gusta, me enamoré a primera vista. Sin embargo, no se le puede poner agua. Así que la belleza de pichel no sirve para poner fresco, de florero, regadera o cubeta de hielo improvisada. Quién sabe por donde, se termina escapando el agua.


Me olvidé que el pichel había llegado a mi porque lo habían rechazado, abandonado, dejado olvidado y perdido y no lo botaron a la basura porque seguramente requería más esfuerzo. Al "adoptarlo" no me importó que no sirviera para agua. De por si, es bonito así como adorno, como aditamento a un nuevo hogar. Porque era bonito. Porque era feliz. Porque los colores me recordaban a mi. Qué importa si no sirve del todo? Poco a poco se me fue olvidando que el pichel tenía historia. Ahora que e mudé se me ocurrió ponerlo nuevamente en circulación, sacarlo del librero y dejarlo en una mesa. Pero no contaba con que la prueba de fuego vendría pronto. Y quedó al descubierto que aunque se vea en perfecto estado, no merece siquiera llamarse pichel. Tiene grietas y fallas y defectos que no se pueden resolver.

La semana pasada fui ese pichel azul-turquesa jaspeado. Por curiosidad llegó alguien con el agua y quedó regada por toda la casa. Pero no lo conecté con el pichel, solo vi el reguero. Ya a la segunda, me cayó la peseta. La tercera fue la vencida y observé como iba teletransportándose el líquido del interior al exterior sin ninguna visible apertura. Como el niño que se cae y no llora hasta que ve sangre, todo me está doliendo desde que reaparecieron las grietas.

Estuve ocupada con una mudanza el fin de semana. Apenas se fue la última persona de la reunión de inauguración, me entró la soledad. Un profundo frío me invadió a medida que se escapaba toda la energía y el cariño que había recibido. Se fueron escurriendo cada vez más rápido y se escaparon y desaparecieron finalmente entre las tablas del piso.

Tengo una invitación a una finca este fin de semana. Un lugar precioso, en la montaña tropical. Hay cataratas, riachuelos, y espacio para armar una genial fiesta. No creo que vaya. La semana pasada que todavía pensaba que el pichel estaba intacto, hubiera ido. Como manera de probarme a mi misma que ha sido una prueba superada. Confiada en que estaba sanada, curada, intacta nuevamente. Que puedo ir a reabsorber energía en ese lugar como antes. Recuperar espacios.

Pero con el desenmascaramiento del pichel, yo también he quedado al descubierto. Ese masoquismo no me sirve. No tengo que demostrar nada a nadie.

Soy yo. A veces me siento sola, insegura, perdida. A veces no me importa estar subida en un estante, quedar ahí sosteniendo libros, ser el comodín multipropósitos. Estar "siempre lista" para contingencias. Pero hay días, como hoy, que quiero con todas ganas poder llevar agua.

Quiero ser útil, servicial, tener un propósito definido. Que alguien me necesite. Saber para que sirvo. Saber que se espera de mi y poder darlo. Puedo aceptarme como pichel defectuoso, o cambiarme el nombre a maceta. A la vez, esperar a que se cierren las grietas y las heridas. Lamentablemente, la única manera de saber si ya estoy lista será llenándome y observar si se ven fugas.

Irme a lo seguro, no estar ahí tratando de descubrir si estoy con alguien quien me aprecia como un pichel alternativo o si ya fui desechada por aquellos que piensan que lo que no sirve, que no estorbe y que la miseria jala miseria.

Y hoy siento que todos andan buscando dónde servir la limonada.

2 Comentarios:

Blogger Humo en tus ojos dijo...

En calidad de ceramista te puedo decir que uno sabe cuáles son los defectos de ese pichel y como repararlos una vez que lo ve... si la grieta está en el fondo... pues es de comenzar por el principio: nadie amasó bien. Igualmente en calidad de ceramista, te digo que a la humanidad le requirieron muchísimos años y muchísimos fallos para que un pichel sirviera para servir limonada no una, sino muchas veces (hay picheles que sirven solouna vez). Entonces, en calidad de humana, de mujer, te digo que tengás paciencia... ¿qué más da si hoy, cuando todos quieren servirse limonada, no podés ayudar en esa causa? Tenelo por seguro que conocés los caminos, y que no te va a tomar los cientos de años que tomó poder hacer un pichel funcional para convertirte vos en uno
(y por último, aunque me odies, sugiero que si el pichel te da tan mala vibra, aunque duela, te deshagas de él, al menos temporalmente; o que hagás otro vos misma y yo te lo horneo)

4:36 p. m.  
Blogger medea dijo...

humo, en eso tenés razón. Con el pichel, es borrón y cuenta nueva. Yo todavía soy un Work In Progress.

Por lo de tirar el pichel, no creo que lo haga. Tiendo a ponerle sentimientos a las cosas. Como la gente que escoge el árbol de navidad más feo, para que no se sienta solo y deprimido.

Creo que conociendo la historia de abandono del pichel, no podría dejarlo así como así... pero creo que si podría intentar hacer otro pichel. Digo, para que le haga compañía.

7:35 a. m.  

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