3 ago. 2006

La nuit

Daba vueltas al hielo en el vaso. El tintineo lo sentía más que escucharlo, pero era reconfortante saber que hay ciertas cosas que son constantes. Daba vueltas con el hielo una pajilla plástica delgada, esas que estorban si se trata de tomar del vaso, pero que en el momento de tirarla para sacar de peligro los ojos, haría falta para revolver el trago.

Como si fuera la primera vez en ese bar miraba el horrible decorado. Nunca dejaba de impresionarle: gladiolos y heliotropos con hojas tropicales. En realidad no sabía si eran Gladiolos y heliotropos, pero esos eran los nombres complicados y difíciles de masticar que deberían haber tenido aquellas creaciones de pintura fosforescente y escala 10:1 plasmadas sobre el techo y paredes.

Llevaba la vista hacia la puerta a ver si aparecía. El trago se había evaporado en el bochornoso calor de la discoteca, y fue por otro, esta vez teniendo que esperar un par de minutos en la barra, señal inequívoca que las horas iban pasando y ya la gente estaba apareciendo.

Mientras le entregaban su trago recordó la última vez que se habían visto. Tan bonita, simpática y sonriente, con una risa abundante, y un escote que le hacía juego a la risa. Había estado nerviosa.

Llegaría esta noche al bar, se había asegurado de eso. Por eso se había arreglado para salir. Sacó del fondo del clóset esa ropa que tenía guardada para ocasiones especiales, se peinó y acicaló para oler a jabón con aloe vera, a champú cítrico, a ropa tendida al sol y refrescante té verde con destacadas notas cítricas y de madera. Una pérdida de tiempo a medida que pasaban los minutos y el cigarro impregnaba la ropa y sus dedos. Todavía no aparecía. Decidió dar una vuelta, saludar a viejos amigos que no veía desde hacía mucho. Repartió unos cuantos holacomoestástantotiempoyvosmuybiengracias y regresó a su percha en el balcón. Bailó un poco con unas amigas evitando quemarlas con su cigarrillo, cantando algunas canciones, moviéndose asincopadamente, ligando su vodka con nerviosismo. Descansando, se perdió por unos momentos en un video musical.

De pronto estaba ahí a su lado. Tanto tiempo vigilando la puerta para interceptarla para que se acercara sigilosamente aprovechando un momento de distracción. El sudor de manos transformó el reconfortante vaso en una debilidad que podría deslizarse de entre sus dedos y caer sobre las cabezas de aquellos desafortunados que bailaban debajo del balcón. Estaba más linda de lo que se acordaba. Un saludo poco comprometido y escueto, y como quien no quiere la cosa y sin bien saber por qué, se disculpó, se dio vuelta y se alejó a hablar con otros amigos. Ese recorrido que hizo al darle la espalda y llegar a su destino se hizo eterno. Odiaba que esta fuera una de esas cosas que hacía por costumbre: por masoquismo, por inseguridad, por hacerse más interesante. Detestable hábito, pero de pronto las palabras le fallaban, el lenguaje no existía, la lengua se trababa y no hallaba como decirle algo más que hola. Desde su nuevo hogar entre dos viejos amigos de sus años universitarios la observaba. La veía conversar con las amigas que tenían en común, su blusa blanca como un faro violeta en la oscuridad de la discoteca. Mientras tanto recibía los enjaches exasperados de sus amigas para que regresara por ella. A hablarle. A hacer algo.

Una pregunta susurrada en medio de ese griterío ensordecedor: Tenés fuego? Unos cigarrillos más tarde ya habían comentado la música, los eventos de los últimos días, un video de madonna y algunos otros temas de los que no se acordaba por haber estado observando su boca mientras hablaba. Una nueva oleada de personas disminuyó el espacio disponible que tenían, y se volvió más fácil hablar mientras bailaban pegados que conservar la distancia y el espacio para el espíritu santo entre su pecho y el de ella.

No quería analizar cada momento y perder esa magia que conservan los misterios. Así que cuando de pronto sintió una mano sosteniéndole la nuca, la rodeó con un brazo por la cintura, y cara contra cara los sonidos pronunciados fueron sustituidos por una comunión silenciosa de caricias. El instante del primer beso fue electrizante e impactante: un beso interrumpido o una serie de ellos que duró unas 2 o 3 horas en ese bar, con los brazos y piernas entrelazadas, consumiéndose públicamente como adolescentes sin permiso de llevar visitas a casa. Y así cerró la noche, con una despedida frente al portón de la casa, llena de promesas de verse, de llamarse, de hablarse.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

que hot mae! Muchas de esas noches he tenido y otras que desearía que hubieran terminado asi! ;-)

2:19 p. m.  
Anonymous cecil b. dement dijo...

Me disculpo por la ausencia de mis tildes, a mi teclado no le gusta mi idioma. Ignoro si escribis esto como una anecdota o es un desborde de creatividad. Apostando por esta ultima me gustaria hacerte unas observaciones para que mejorares tu estilo. Siento que tu forma de narrar no es entretenida. Al leerte se nota un gran potencial, pero crudamente solo veo una mezcla mal amalgamada de palabras rimbombantes con referencias cotidianas y coloquialismos chocantes, vg. "enjache", que me parece un intento torpe de lograr identificacion con el lector. Tal vez deberias dejar ver mas ingenio y fluidez, en lugar de ser tan esterotipicamente nolevelesca. Espero que sigas esforzandote por mejorar, sos una jovencita muy prometedora.

3:09 p. m.  
Anonymous Yo de metiche dijo...

cecil b. dement: No soy quien para decir esto, pero las cosas de crítica (constructiva o no), ¿no sería mejor hacerlas en privado? Se apreciarían mejor por quien las recibe.

3:37 p. m.  
Blogger Raiha dijo...

Ah, caray. Pues qué exigente nos ha salido la niña Cecil. Suerte que no ha sido mi blog el visitado, si fuera el caso me temo que tendría material de sobra para descuartizar a gusto. =P Pues mira niña, antes de criticar, yo primero me buscaba un teclado decente, jojojo (Digo, quien no puede ofrecer perfección tampoco puede exigirla).

En todo caso, debo decir que coincido con la chica de arriba: creo que este tipo de cosas han de manifestarse de una forma más privada... Aunque haya a quien no le importe recibir críticas de cualquier tipo en cualquier momento y lugar, no funciona igual con todo el mundo. Y esa, es una regla de cortesía mínima.
Por otro lado, el embarrarle en la cara a otros los *dones de escritora* no es precisamente el chiste de tener un blog (para eso existen los libros, los artículos y la privacidad). Además, no sé si me equivoco pero me parece que la situación descrita se trata de una anécdota de la vida real.

Besos, honey. ;P

5:23 p. m.  
Blogger Caro dijo...

Se me puso la piel de gallina!
Yo me sentí sofocada por la ansiedad al igual que él, veía que no llegaba ese momento. De repente la reunión en la que estoy en este momento se me borro de la vida real y estuve ahí en el lugar, apretujada entre la gente y viendo esa escena tan sutilmente apasionada...
Hasta que me quede sin aliento pensando en esos besos de adolescente que no tienen conciencia de gente ajena a los que se besan y que saben tan rico cuando ya uno no es un adolescente.

Definitivamente su capacidad de manejar los detalles y llevarlos a algo parecido a la realidad cuando escribe es algo que me encanta. Este tipo de posts lo envuelven a uno y le cambian el día, quede con ganas de sentir esas cosquillas que dan esos besos apretados en que uno se come al otro...

Saludos!

5:34 p. m.  

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