15 dic. 2006

La Caja

Siento que me he ganado el carné de cliente frecuente en la Caja: 4 visitas en un més es un récord para mi. He aprendido a llegar a mis citas sin perderme, a pedir otras a sacar citas por teléfono y personalmente. Considerando que hace un par de años era un mundo ajeno, creo que he logrado ubicarme satisfactoriamente en la curva de aprendizaje. Todavía necesito el curso intensivo de patas y biombos, pero digamos que con lo que tengo paso. El sistema de la Caja Costarricense de Seguro social fue un confuso marasmo para la primípara yo: comenzar por ubicarme, armarme de paciencia, y agradecer que por lo menos estaba en la localidad geográfica indicada. El primer paso: necesitaba abrir un expediente.

Ese proceso requirió preguntarle a por lo menos 4 personas dónde quedaban las oficinas para registrarme, y recibir 4 respuestas diferentes.


Cuando finalmente llegué a la ventanilla, una esfinge me hizo 3 preguntas, formuladas de tal manera que no tuve ni la menor idea de cual sería la respuesta mágica para acelerar el proceso. Había una respuesta buena y una mala. La mala me llevaría en un viacrucis de ventanillas, filas, fichas y búsqueda exaustiva de la oficina necesaria. La buena me dejaría pasar a la siguiente pregunta.

Una vez que ya estaba el expediente abierto y me pegaron amablemente un stickercito en la parte de atrás del carnet con los números mágicos, tuve que definir que hacer con la baraja de papelitos sacados de impresora de matriz de puntos que me daban fechas, números y en algún lado, sin falta, estaban tachados con lapicero y le habían escrito algo ilegible encima. Había que llevarlos a diferentes lugares para recibir otros papelitos que me dirían específicamente en cuál mes del próximo quinquenio me iban a atender.

Cuando me tocó ir a buscar esas oficinas, no tenía idea de que la "clínica central" era diferente del Calderón ni de emergencias ni de cirugía reconstructiva. Ya había aprendido a tener la orden patronal en la billetera, por lo menos ya sabía lo que representaba ese papelito que me entregaban cada mes. La señora de dermatología del Calderón se apiadó de mi cara de desubicada cuando me señaló que la clínica era aquel edificio al otro lado de la calle. Le pregunto si era por ese edificio que había sido una heladería y salí con la impresión que Freud hubiera hecho fiesta con mi fijación de imaginarme heladerías donde nunca habían existido.

Ya ha pasado ratillo desde esa primera visita de ubicación a la caja. No soy ninguna experta ahora, pero por lo menos he aprendido a distinguir la cara de "yo se donde está todo" con la de los que realmente saben donde está todo. Le pregunto siempre a los viejitos. Esos que hacen visita social en el seguro como para llenar las horas de sus días. Si alguien pausa más de 2 segundos para responder, escucho atentamente y me dirijo inmediatamente a preguntarle a alguien más. Llevo un libro y mi tejido... ahora también llevo mi ipod y uso los audífonos con el aparato apagado. Entonces escucho las conversaciones sin que nadie me hable directamente... y he de confesar que cuando me hablan, muevo el pie a un ritmo acompasado y se convencen que no les escuché, que estoy escuchando música.

Observo a la muchacha joven de no más de 16 años que anda preguntando en voz bajita que dónde se hace el papanicolau, quien le responde lo hace en una voz que se escucha por todo el pasillo: Citologías en el 3er piso. Sale la chiquilla arrastrando los pies y después de unos momentos regresa a la misma ventanilla a contar que de allá la enviaron de regreso, que no le pudieron dar razón. Esta vez el muchacho de la ventanilla le responde algo que no puedo oir y ella se va, caminando con su boletita en la mano, buscando aquel alma caritativa que le pueda hacer aquella prueba.

Una señora mayor se sienta junto a mi. Como ya mencioné, estoy sentada tejiendo con los audífonos puestos. Esta vez si hay musiquita, voy tarareando en voz baja una de esas canciones de antaño. Tal vez "amiga" de Miguel Bosé o algo de Rocío Durcal incluso puede que haya sido Leo Dan. Veo que se fija en el bolso que tengo a mis pies, con el metro y algo de bufanda que éste contiene. Sigo tejiendo. Se sienta una señora a mi otro lado y entonces ellas se dedican los siguientes 5 minutos a conversar sobre mi tejido, sobre como aprendieron ellas solas a tejer con ganchillo, o que las monjas les enseñaron, a preguntarse que cómo será hacerlo con dos agujas, y que imagínense usar dos lanas. Poco les faltó por meter mano al bolso para tocar, como si no estuviera yo ahí entre ellas.

Eventualmente se retiran, una a la ventanilla, la otra a Inyectables. Yo sigo ahí. Esperando. Veo a una madre despeinada corretear a sus hijos quienes se entretienen escalando una de las barandas de seguridad y deslizándose por la rampa para silla de ruedas. Cuatro muchachas embarazadas cruzan frente a mi para que las pesen. Un muchacho llega cubierto en tierra y con una franja que definitivamente le pertenece a una llanta de bicicleta cruzándole por el estómago.

A la salida agarro mi carné, la tarjeta de citas, la orden patronal, el papelito de la cita y la referencia para ir a esperar otro rato en una fila. Sale una doctora, llama a 5 personas y ninguna está ahí para ser atendida. En la tele dan alguna novela que parece sólo llamarle la atención a los menores de 12 años. Un niño llora, una señora se agarra la cabeza y tiene los ojos arrugados y el ceño fruncido. La muchacha de la ventanilla habla por teléfono sobre lo que va a pedir de almuerzo mientras un viejito trata de preguntarle algo.

Bajo los 3 pisos y salgo por la rampa, donde un letrerito me anuncia que "se enplastican documentos". No sé si tomarme un café por ahí o irme para la casa: gana el ahorro. Veo el grupo de gente permanente a la salida de emergencias en el hospital, chicas sentadas en el muro que sin querer presentan su derriere y el elástico de sus calzones a quien vuelva a ver.

Ya por hoy he terminado.

2 Comentarios:

Anonymous itzpapalotl dijo...

ya podrías ser consultora.
me encantó.

7:01 p. m.  
Blogger Sirena dijo...

Medea: Voy a ir a leer porque hace tiempo no vengo y pensaba preguntar si estás enferma grave o más o menos o son solo citas de rutina. Seguramente hay algo ahí escrito antes... igual si no, quiero saber si estás bien.

4:42 p. m.  

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