22 dic. 2006

sobrino

Me llamó mi hermano a avisarme que hace 20 minutos nació mi sobrino, que está sano y tiene un nombre que le va genial con el apellido. Le pregunto que cómo se siente ser papá. Su respuesta: overwhelming.

La tamaleada

Me senté a comerme un tonto, con esperanza que no fuera uno de los mudos. Me bañé con agua de hoja tamalera y mi nariz se llenó de un olor ahumadito, a pura madera. En mi vida había probado tamal más rico.

Nunca he hecho tamales, así que aproveché la oportunidad para aprender. Primero a la feria por los ingredientes y luego a los diferentes lugares a recoger lo que faltaba: la carne, el asiento de grasa (AKA manteca de cerdo en bolsa plástica), el maíz molido para la masa mecatito y a la casa, a cocinar.

Como cualquier producción a gran escala, hay que ordenarse. En el patio de pilas pusimos una puerta vieja sobre una mesa y multiplicamos el área util para trabajar. Unos manteles que quedaron cortos y una cortina o dos nos alistaron la superficie para comenzar la fabricación. Ahí acomodamos todos los ingredientes necesarios.

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Para mi fue puro "reverse engineering", ya que no tenía bases pasadas excepto mi experiencia comiendo tamales. Por un lado, me gustan los tamales sencillos: en Perú el tamal trae pollo, maní y mucho picante, en colombia traen de todo incluidos huevos duros y ciruelas. Esta vez iba a irme por un punto intermedio. Un tamal que cumpliera con las especificaciones locales y que me lo pudieran piropear al probarlo, o por lo menos que no pudieran distinguir que esos tamales aguachosos y desarmados eran los míos.

Mi tamal meta tendría suficiente masa para absorber salsa lizano, un poco de arroz, un pedazo de carne gigante y los vegetalitos acomodados a un lado. Casi que un casado envuelto y pasado al vapor.

Las hojas provienen de la planta de yute, y no del plátano como yo pensaba. Hay que cortarlas y ahumarlas, después limpiarlas antes de meter el tamal. En nuestro caso pudimos brincarnos el paso, porque nuestras hojas, no solo nos salieron mucho más baratas sino que venían impecables.

Cortamos e hicimos montoncitos de hojas, una sobre otra con las venas perpendiculares a la anterior. También hay un derecho y un revés para las hojas. De pronto alguien hizo una pregunta: "hey chicas, a que les huele?" La respuesta fue unánime. "A navidad!". En Costa Rica pareciera que más que el viento frío con sol, más que el ciprés y los villancicos, la navidad está en el olor de las hojas de tamal.

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Ya con las hojas cortadas y listas, con el lado correcto hacia arriba estaban frente a mi, agarré una cucharada de masa que lancé sobre la hoja como si fuera puré de papa en comedor corporativo, acomodé a un costadito una cucharada de arroz y fui colocando el pedazo de carne, un pedacito de vainica, 3 petit pois, una rodaja de tomate, una tirita de chile dulce, una rodaja de zanahoria, una de papa y un ramito de culantro. Muchas veces me olvidé de la carne: aprendí que eso resulta en un tamal que se llama mudo. A los tamales sin vegetales yo les diría afortunados, pero mis gustos no son tan compartidos.

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A veces me salían gigantes: aprendí que a esos tamales sin gracia le dicen tontos, porque su tamaño es tal que no pueden hacer parejita con ningún otro, tal como el último tamal que sale de una tamaleada. El último tamal se hace con lo que queda de masa en la olla, raspando las paredes. La probabilidad dicta que la masa resultante sea más de lo que que se necesita para uno, pero insuficiente para dos. En nuestro caso, el tonto se fue con carne, pero eso creo que fue culpa mía... quedaron varios tamales de camino que se fueron "vegetarianos".

A los tamales hay que cerrarlos en paquetitos compactos. Ya había aprendido que el tamaño si importa, pero el tamal grandote es una incomodidad: como dicen por ahí, alos tontos ni Dios los quiere. El asunto es que el paquetito resultante del tamal va en directa relación al relleno y a la destreza de las manos que los enrollan. Así que me enseñaron la técnica que llamaré "la empanada argentina".

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Se agarran extremos opuestos de las hojas y se juntan en el centro. Se enrollan dos o tres veces y se le da vuelta. Después un lado va pal centro y el otro le hace compañía. Casi como ponerle pañal a la masa. Al principio se me salía algo de masa por el borde. Lo abría por un lado y me ayudaba de la gravedad. Un toquecito como bajando tabaco de los cigarros en cajetilla nueva y listo! ahora si podía cerrarlo sin llenarme de pegajosa masa.

Los tamales son seres sociales. Hay que hacerlos en parejitas: dos tamales del mismo tamaño que irán juntos a la olla en un romántico abrazo, como dos turistas insolados en aguas termales. A esta unión no santificada de tamales le dicen piña. El tonto, entra de primero en la olla de los tamales y por el orden de cocinada, será el primero en comerse.

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Encendimos la parrilla. Bueno. Mi cuñada encendió la parrilla. A esperar que caliente y luego que hierva una olla con agua. Aquí había que recordar el principio de arquímedes y calcular el volumen de agua que desplazarían los tamales cuando se pusieran en la olla. Nada más frustrante que tener un fuego caliente, a su punto, y arruinarlo con un baldazo de agua desbordante. Superamos la prueba sin problemas.

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Después esperar. Y esperar. Y esperar. Darle vuelta a los tamales, para que los de arriba estuvieran abajo y los de abajo arriba. Esperar. Esperar. Esperar. Ver el festival de la luz por tele. Asegurarse que hubiera salsita lizano. Esperar. Ir a molestar al perro. Sacar los tamales y el tonto quedó arriba, el primero en comerse.

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Calentar el fuego nuevamente para la 2da, 3ra y 4ta oleada de tamales.

Entonces pude irme con mi tonto, sentarme con una taza de café y salsita de vegetales de esas que los ticos llevan en la maleta y a probar ese delicioso sabor de tamal hecho a la leña. No me importó haber estado despierta desde la madrugada, cansada del paseo a la feria, dar vueltas por la ciudad, pegarme la cocinada y demás. Ese café y ese tamal, servido sobre las hojitas que lo habían cobijado me supo a gloria. La masa suave pero firme, el arroz arrimado a un costadito con su guirnalda de vegetales. El pedazo de cerdo... hmmmmm gustoso y grande y sustancioso.

Tuve que repetir.

20 dic. 2006

La Feria

Un día que comienza al aire libre y escuchando una orquesta no puede ser malo. Sobre todo si anuncia un día de hacer cosas nuevas, experimentar y terminar con una gran comilona.

El sábado pasado a las 10 de la mañana estaba en la feria del agricultor en Desampa, por allá en el polideportivo de Gravilias. Paseaba con mi sombrilla abierta bajo ese sol picante, cansada de brincar de una sombrita a otra, persiguiendo los puestos tapados por lonas. Las personas quienes se sentaban del otro lado de la mesa eran de la más impresionante diversidad. Algunos jóvenes de apariencia humilde, con la camisa gastada del uso pero impecablemente lavada conversaban animados mientras le pasaban un trapito a sus manzanas, sacándoles un brillo que hacía parecer su puesto a una disco ball a la que se le permite pegarle un mordisco. Una muchacha momentáneamente rubia sonreía a los compradores con sus labios escarchados mientras su mirada estaba en otro lado. Su celular, lentes de sol, aretes y botas peluditas hacían juego, y estaba maquillada de tal manera que de la feria a multiplaza a ir de shopping a MNG era solo un brinco. Unos señores conversaban del tiempo, y de cómo diciembre ya no era como antes. Solo que en vez de mover piezas de ajedrez o de damas, lo que hacían era mover yuplones y tacacos.


El orden imperaba. Lo primero que compré fue una pipa bien fría que me recetó mi cuñada para no deshidratarme. Con la pajilla en la boca y el pesado coco en la mano, fisgoneaba en los puestos, ojeando los crucigramas a medio completar, los cuadernitos de apuntes y las bolsas repletas de los delantales, tratando de ver con más detalle su contenido.

El viento soplaba y hacía sonar las lonas y mantas que cubrían los puestos, latigazos que se complementaban con las exclamaciones de sorpresa de los vendedores, quienes se lanzaban a sostener las esquinas y sus carritos para que no salieran volando en una versión Costarricense de Mary Poppins. Se escuchaban las voces de los compradores y música navideña, que resultó provenir de una banda que tocaba en vivo.

Me pareció demasiado interesante ver la variedad de métodos de transporte de vegetales y frutas. Había gente con carritos caseros de metal con caja de cartón. Vi también un portamaletas con canasta amarrada con rafia de colores. Carritos de feria comprados, de esos que vienen con tapa y broches y que durarán hasta que un día se les caiga la llanta, se les rompa la lona y se desintegre el metal, todo en el transcurso de 3 horas. Una familia utilizaba poder humano, tenían a sus dos hijas cargando una canasta, una en cada asa. Ellas, con energía desbordante, le insistían a la mamá que aguantaban todavía una piña más. Alguien construyó un carrito al mejor estilo Radio Flyer. solo que éste era grande, de madera y se veía pesado. Muchas señoras cargaban bolsas de plástico tejido, antiguos sacos de arroz reciclado con manijas, o bolsas de esas que vendían en el mas por menos.

Nosotras cargábamos una bolsa plástica rectangular de piolín. Trato de catalogar a los compradores por sus bolsas, cuando simplemente agarramos la que encontramos y no nos representa. Repito, no nos representa.

Salimos de la feria cargadas con hojas de tamal que ya venían limpiecitas, a la mitad del precio de las que las venden en un supermercado, zanahoria, chiles dulces, tomates, una piña dorada jugosita, culantro, papas, cebolla, ajos, olores y muchas ganas de alistar todo esto para la aventura siguiente: hacer tamales.

19 dic. 2006

Dr. Temple Grandin

La primera vez que supe de la Dr. Temple Grandin fue por una amiga vegetariana, que estaba cargando el libro An Anthropologist on Mars. Le pregunté de que se trataba y me contó que era de esta señora autista que diseñaba las facilidades que se utilizan en la industria ganadera para matar a los animales, de tal manera que éstos fueran lo más tranquilizantes para los animales posible.

Cuando conocí a Flor ya sabía por sweetie que ella tenía un hijo autista, y recordé a esta señora, pero sin saber el nombre ni el título del libro quedó nada más como algo anecdótico. Hoy me crucé con un documental de la BBC sobre Temple Grandin. Algo largo, 48 minutos, pero sí que valió la pena verlo.

Día Internacional del Migrante

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Hace unos años determiné que era mejor dejar la tirita de papel fotocopiado que determinaba que mis documentos migratorios estaban en trámite en casa en vez de llevarlo a la playa por miedo a que se me perdiera o con la humedad se me corriera el sello y perdiera toda validez. Por ese lapsus brutus fui acreedora a 12 horas en el puesto de control de Puerto Viejo. Fue un suplicio que terminó cuando mi hermana apareció cual caballero sobre galante y plateado corcel corolla hatchback a eso de las 3 de la mañana con las suficientes fotocopias para corroborar que no sólo estaba legal sino que era una grata adición a este crisol cultural centroamericano, y que podía irme a mi casa y no al centro de detención. Ayer conocí ese lugar que en los recientes años me ha atemorizado más que el Coco, el señor de la bolsa o "braulioman", (el último es una creación 100% original). Ese lugar que está un pasito más cerca de convertirme a mi y a miles otros en exiliada permanente de este país.


En una actividad organizada por la OIM, Conmemoramos el Día Internacional del Migrante visitando el "Centro de Aseguramiento de Extranjeros en Tránsito" para dar unas charlas y entregar varias donaciones.
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Lo que me gusta de dar charlas es que en realidad el más beneficiado a la larga es para quien da la charla. Si bien ellos se entretuvieron y aprendieron un poquito de ellos mismos, la ganancia para mi fue grande.

Aprendí que:

Las nuevas instalaciones en Hatillo tiene un aire de cárcel, pero a su favor los retenidos tienen acceso a un patio con luz del sol, pueden salir a mojarse a la lluvia si quieren. El lugar anterior era oscuro, húmedo y tuguriento. Acá por lo menos es limpio y los funcionarios hacen mil y una cosas por que los que están ahí, como conseguirles café, cigarros y algunas cosillas para hacerles su estadía más cómoda.

Aunque las horas son largas y tediosas, se entretienen con mp3 players o discmans los más afortunados, y conversación o entre sueños los demás.

Que entre un médico general y una trabajadora del sexo, es probable que ésta sepa más de enfermedades venéreas, VIH y SIDA.

El migrante arriesga mucho: deja de lado familia, bienes, amigos y una red social y afectiva. Todo por ganarse la oportunidad de tener una mejor condición de vida. Aún estando ahí no pierden las ganas de echar pa´lante, ni siquiera cuando se avecina el regreso la tierra de donde partieron.



La OIM fue nuestro contacto. Originalmente íbamos a realizar algo el 24 de diciembre, pero moviendo unas patas aquí y mandando cartas por allá, todo se dio para tener a los profesionales, asistentes y donaciones ahí para conmemorar el día. Dimos 3 charlas y se hizo entrega de algunos bienes para hacer más cómoda la estadía de la población rotativa del centro.

La primera actividad, liderada por una sicóloga, fue de dinámicas de cooperación y salud mental. Acá están construyendo edificios con pajillas. Casi todos participaron, aun los que al inicio estaban retraidos y poco participativos se unieron a algún grupo por su cuenta para jugar un rato con las pajillas.
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Ayudé a la odontóloga a dar una charla sobre salud oral. Repartimos cepillos de dientes, pastas y regalamos un cepillo de dientes de esos que solo les falta hablar, hilo y enjuague bucal. Los cartelitos hechos a mano el domingo en la noche y el material didáctico fue bien recibido.
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Este es el cepillito y la dentadura para que practicaran la adecuada técnica de lavado, y el cartelito con la técnica.
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La última charla fue por la prevención de VIH y SIDA, se repartieron condones, documentación, y ellos practicaron con los preservativos.

Acá el consabido pepino.
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Para el cierre cada uno de los migrantes recibio una camiseta y una libreta donados por el PNUD, además de las cositas que cada equipo de charlas facilitó. Al centro se les brindó una refri, un microondas, dos coffeemakers, un tele, ropa, cobijas y comida entre otros.

Hoy en radio eco, 95.9FM a las 11 am entrevistarán al organizador, por si alguien se anima a escuchar.





15 dic. 2006

La Caja

Siento que me he ganado el carné de cliente frecuente en la Caja: 4 visitas en un més es un récord para mi. He aprendido a llegar a mis citas sin perderme, a pedir otras a sacar citas por teléfono y personalmente. Considerando que hace un par de años era un mundo ajeno, creo que he logrado ubicarme satisfactoriamente en la curva de aprendizaje. Todavía necesito el curso intensivo de patas y biombos, pero digamos que con lo que tengo paso. El sistema de la Caja Costarricense de Seguro social fue un confuso marasmo para la primípara yo: comenzar por ubicarme, armarme de paciencia, y agradecer que por lo menos estaba en la localidad geográfica indicada. El primer paso: necesitaba abrir un expediente.

Ese proceso requirió preguntarle a por lo menos 4 personas dónde quedaban las oficinas para registrarme, y recibir 4 respuestas diferentes.


Cuando finalmente llegué a la ventanilla, una esfinge me hizo 3 preguntas, formuladas de tal manera que no tuve ni la menor idea de cual sería la respuesta mágica para acelerar el proceso. Había una respuesta buena y una mala. La mala me llevaría en un viacrucis de ventanillas, filas, fichas y búsqueda exaustiva de la oficina necesaria. La buena me dejaría pasar a la siguiente pregunta.

Una vez que ya estaba el expediente abierto y me pegaron amablemente un stickercito en la parte de atrás del carnet con los números mágicos, tuve que definir que hacer con la baraja de papelitos sacados de impresora de matriz de puntos que me daban fechas, números y en algún lado, sin falta, estaban tachados con lapicero y le habían escrito algo ilegible encima. Había que llevarlos a diferentes lugares para recibir otros papelitos que me dirían específicamente en cuál mes del próximo quinquenio me iban a atender.

Cuando me tocó ir a buscar esas oficinas, no tenía idea de que la "clínica central" era diferente del Calderón ni de emergencias ni de cirugía reconstructiva. Ya había aprendido a tener la orden patronal en la billetera, por lo menos ya sabía lo que representaba ese papelito que me entregaban cada mes. La señora de dermatología del Calderón se apiadó de mi cara de desubicada cuando me señaló que la clínica era aquel edificio al otro lado de la calle. Le pregunto si era por ese edificio que había sido una heladería y salí con la impresión que Freud hubiera hecho fiesta con mi fijación de imaginarme heladerías donde nunca habían existido.

Ya ha pasado ratillo desde esa primera visita de ubicación a la caja. No soy ninguna experta ahora, pero por lo menos he aprendido a distinguir la cara de "yo se donde está todo" con la de los que realmente saben donde está todo. Le pregunto siempre a los viejitos. Esos que hacen visita social en el seguro como para llenar las horas de sus días. Si alguien pausa más de 2 segundos para responder, escucho atentamente y me dirijo inmediatamente a preguntarle a alguien más. Llevo un libro y mi tejido... ahora también llevo mi ipod y uso los audífonos con el aparato apagado. Entonces escucho las conversaciones sin que nadie me hable directamente... y he de confesar que cuando me hablan, muevo el pie a un ritmo acompasado y se convencen que no les escuché, que estoy escuchando música.

Observo a la muchacha joven de no más de 16 años que anda preguntando en voz bajita que dónde se hace el papanicolau, quien le responde lo hace en una voz que se escucha por todo el pasillo: Citologías en el 3er piso. Sale la chiquilla arrastrando los pies y después de unos momentos regresa a la misma ventanilla a contar que de allá la enviaron de regreso, que no le pudieron dar razón. Esta vez el muchacho de la ventanilla le responde algo que no puedo oir y ella se va, caminando con su boletita en la mano, buscando aquel alma caritativa que le pueda hacer aquella prueba.

Una señora mayor se sienta junto a mi. Como ya mencioné, estoy sentada tejiendo con los audífonos puestos. Esta vez si hay musiquita, voy tarareando en voz baja una de esas canciones de antaño. Tal vez "amiga" de Miguel Bosé o algo de Rocío Durcal incluso puede que haya sido Leo Dan. Veo que se fija en el bolso que tengo a mis pies, con el metro y algo de bufanda que éste contiene. Sigo tejiendo. Se sienta una señora a mi otro lado y entonces ellas se dedican los siguientes 5 minutos a conversar sobre mi tejido, sobre como aprendieron ellas solas a tejer con ganchillo, o que las monjas les enseñaron, a preguntarse que cómo será hacerlo con dos agujas, y que imagínense usar dos lanas. Poco les faltó por meter mano al bolso para tocar, como si no estuviera yo ahí entre ellas.

Eventualmente se retiran, una a la ventanilla, la otra a Inyectables. Yo sigo ahí. Esperando. Veo a una madre despeinada corretear a sus hijos quienes se entretienen escalando una de las barandas de seguridad y deslizándose por la rampa para silla de ruedas. Cuatro muchachas embarazadas cruzan frente a mi para que las pesen. Un muchacho llega cubierto en tierra y con una franja que definitivamente le pertenece a una llanta de bicicleta cruzándole por el estómago.

A la salida agarro mi carné, la tarjeta de citas, la orden patronal, el papelito de la cita y la referencia para ir a esperar otro rato en una fila. Sale una doctora, llama a 5 personas y ninguna está ahí para ser atendida. En la tele dan alguna novela que parece sólo llamarle la atención a los menores de 12 años. Un niño llora, una señora se agarra la cabeza y tiene los ojos arrugados y el ceño fruncido. La muchacha de la ventanilla habla por teléfono sobre lo que va a pedir de almuerzo mientras un viejito trata de preguntarle algo.

Bajo los 3 pisos y salgo por la rampa, donde un letrerito me anuncia que "se enplastican documentos". No sé si tomarme un café por ahí o irme para la casa: gana el ahorro. Veo el grupo de gente permanente a la salida de emergencias en el hospital, chicas sentadas en el muro que sin querer presentan su derriere y el elástico de sus calzones a quien vuelva a ver.

Ya por hoy he terminado.

14 dic. 2006

Condones Parte II

Para seguir con la línea del poste sobre condones prácticos, acá les presento otros dos tipos de condones en prueba, un condón de latex que viene en spray, y otro condón a nivel molecular para que las mujeres lo utilicen internamente como protección contra el VIH.



Romance de la derivada y la arcotangente

Sacado de un texto de SantaMaradona a quien encontré gracias a la pequeña padawan.

Romance en la >.
[Texto extraido de algun numero de la revista de la ETS de Ingenieros Industriales de Madrid, alla por el año 1990. Firmado: "La jaca jacobiana"]

Veraneaba una derivada enesima en un pequeño chalet situado en la recta del infinito del plano de Gauss, cuando conocio a un arcotangente simpatiquisimo y de esplendida representacion grafica, que ademas pertenecia a una de las mejores familias trigonometricas.

Enseguida notaron que tenian propiedades comunes.

Un dia, en casa de una parabola que habia ido a pasar alli una temporada con sus ramas alejadas, se encontraron en un punto aislado de ambiente muy intimo. Se dieron cuenta de que convergian hacia limites cuya diferencia era tan pequeña como se quisiera. Habia nacido un romance. Acaramelados en un entorno de radio epsilon, se dijeron mil teoremas de amor.

Cuando el verano paso, y las parabolas habian vuelto al origen, la derivada y el arcotangente eran novios. Entonces empezaron los largos paseos por las asintotas siempre unidos por un punto comun, los interminables desarrollos en serie bajo los conoides llorones del lago, las innumerables sesiones de proyeccion ortogonal.

Hasta fueron al circo, donde vieron a una troupe de funciones logaritmicas dar saltos infinitos en sus discontinuidades. En fin, lo que eternamente hacian los novios.

Durante un baile organizado por unas cartesianas, primas del arcotangente, la pareja pudo tener el mismo radio de curvatura en varios puntos. Las series melodicas eran de ritmos uniformemente crecientes y la pareja giraba entrelazada alrededor de un mismo punto doble. Del amor habia nacido la pasion. Enamorados locamente, sus graficas coincidian en mas y mas puntos.

Con el beneficio de las ventas de unas fincas que tenia en el campo complejo, el arcotangente compro un recinto cerrado en el plano de Riemann. En la decoracion se gasto hasta el ultimo infinitesimo. Adorno las paredes con unas tablas de potencias de "e" preciosas, puso varios cuartos de divisiones del termino independiente que costaron una burrada. Empapelo las habitaciones con las graficas de las funciones mas conocidas, y puso varios paraboloides de revolucion chinos de los que surgian desarrollos tangenciales en flor. Y Bernouilli le presto su lemniscata para adornar su salon durante los primeros dias. Cuando todo estuvo preparado, el arcotangente se traslado al punto impropio y contemplo satisfecho su dominio de existencia.

Varios dias despues fue en busca de la derivada de orden n y cuando llevaban un rato charlando de variables arbitrarias, le espeto, sin mas:
- Por que no vamos a tomar unos neperianos a mi apartamento? De paso lo conoceras, ha quedado monisimo.
Ella, que le quedaba muy poco para anularse, tras una breve discusion del resultado, acepto.

El novio le enseñó su dominio y quedo integrada. Los neperianos y una musica armonica simple, hicieron que entre sus puntos existiera una correspondencia univoca. Unidos asi, miraron al espacio euclideo. Los astroides rutilaban en la boveda de Viviany... Eran felices!
- No sientes calor? - dijo ella
- Yo si. Y tu?
- Yo tambien.
- Ponte en forma canonica, estaras mas comoda.
Entonces el le fue quitando constantes. Despues de artificiosas operaciones la puso en parametricas racionales...
- Que haces? Me da vergüenza... - dijo ella
- Te amo, yo estoy inverso por ti...! Dejame besarte la ordenada en el origen...! No seas cruel...! ven...! Dividamos por un momento la nomenclatura ordinaria y tendamos juntos hacia el infinito...
El la acaricio sus maximos y sus minimos y ella se sintio descomponer en fracciones simples.
(Las siguientes operaciones quedan a la penetracion del lector)
Al cabo de algun tiempo la derivada enesima perdio su periodicidad. Posteriores analisis algebraicos demostraron que su variable habia quedado incrementada y su matriz era distinta de cero.

Ella le confeso a el, saliendole los colores:
- Voy a ser primitiva de otra funcion.
El respondio:
- Podriamos eliminar el parametro elevando al cuadrado y restando.
- Eso es que ya no me quieres!
- No seas irracional, claro que te quiero. Nuestras ecuaciones formaran una superficie cerrada, confia en mi.

La boda se preparo en un tiempo diferencial de t, para no dar que hablar en el circulo de los 9 puntos.

Los padrinos fueron el padre de la novia, un polinomio lineal de exponente entero, y la madre del novio, una asiroide de noble asintota. La novia lucia coordenadas cilindricas de Satung y velo de puntos imaginarios.

Oficio la ceremonia Cayley, auxiliado por Pascal y el nuncio S.S. monseñor Ricatti.

Hoy dia el arcotangente tiene un buen puesto en una fabrica de series de Fourier, y ella cuida en casa de 5 lindos terminos de menor grado, producto cartesiano de su amor.

12 dic. 2006

Vanity Publishing

A través de SwissMiss, volví a encontrar el link para publicar libros en línea, con la calidad que envidiaría cualquier editorial. Kevin Kelly lo explica en artículo sobre cómo usar el software y los sistemas de Blurb y Lulu para publicar libros sin un mínimo de ediciones: desde una sola hasta todas las que se quieran vender, tanto para libros de texto como libros fotográficos en diversidad de formatos.

Hasta se puede publicar un blog. Si se animan a usarlo, me cuentan que tal!

Rock the boat

Tengo el diablo metido. Esta mañana desperté con ganas de estar soltera, de revolcar el avispero, de tener motivos para llorar, aventuras, problemas, conflictos y en resumidas cuentas hacerme la vida de cuadritos. Siento la necesidad de rebelarme y revelarme.

No ayuda en lo más mínimo que desde hace unos meses atrás soy impotable en las mañanas. Soy un energúmeno con mal genio que no soporta que le digan nada. Sobre todo si nada proviene de una personita que está enroscada entre las sábanas y se dedica a recordarme que se me hace tarde, que no prenda la luz alta sino las lámparas, que le de vuelta al espejo, que le robé las cobijas toda la noche y que por qué soy la única persona del mundo que se pone el desodorante después de ponerse la camiseta. Es un pleito waiting to happen. Soy cruel y grosera si lo que quiero es que me dejen tranquila, que no me hablen, olvidarme del hecho que yo ya estoy de pie y está oscuro afuera y no estoy entre las cobijas. Es la cochina envidia, lo sé. Esas ganas de hacer que los demás se sientan igual de mal que yo. Si mi día apesta, que el día de sweetie sea igual.

Entonces saltó de la cama, agarró sus cosas,las metió en su maletín y dijo que si yo amanecía de mal genio, no tenía por qué aguantarme en las mañanas. Le solté un "bueno, nos vemos cuando regreses de la playa" y aproveché para salir escapada antes que terminara de arreglarse.

Caminaba al bus analizando por qué rayos quiero lo que no tengo. Si estoy soltera, quiero tener compañía en la noche, alguien que esté para jugar playstation en las tardes, con quien pasar un domingo sin salir a ningún lado. Ahora estoy deseando no estar con nadie para pasar mis tardes cosiendo, tejiendo y bordando o en la de menos en el gym, que mucha falta me hace. Quiero salir sola a tomarme unas cervezas, verme más con mis amigas, tener tiempo a solas con mis compas. Irónicamente soy yo la que siempre hace las invitaciones dobles, la que jala a sweetie a eventos amistosos. En mi mundo retorcido, prefiero no ofender a sweetie diciendole que no nos veamos, pero no tengo problema alguno con tirarle encima mi ira. Me siento ahogada por mi misma, víctima de mi propio invento.

Entonces reaparece la sonrisa más maravillosa del ámbito laboral.Con el amor platónico de oficina como que ahora las miradas se cruzan con más frecuencia. En los pasillos, en el comedor, en la copiadora. Pero no tengo idea de si hay algún significado en las miradas.

Cuento los 7 días que me quedan de trabajo y me armo mil historias de lo que podría suceder en el mundo sin responsabilidades de medea que involucran la fiesta del viernes, mucho trago y haber conseguido cojones por primera vez en mi vida. No sirvo para eso. Ahora estoy escuchando su voz mientras conversa con algún cliente en el otro pasillo y me pesa tener una fácil excusa: no hago nada porque ya estoy comprometida. Si el zacate es más verde del otro lado, todavía no estoy segura de cual cerca me brincaré. O si debería hacerlo. O si lo haga. Porque en 2 semanas estaré libre de estrés oficinesco y con mucho tiempo en mis manos. Con menos ganas de pensar tonteras y meter las patas y yo sé que la navidad desestabiliza de ánimo como estuviera parada en montañas de confeti. en zancos. con tacones. balanceando un tomate y 3 lechugas.´

Ah, y mi nuevo libro de autoayuda.

11 dic. 2006

Noël

Excepto por 2 regalos comprados para anónimos en esas campañas de "hazle la navidad feliz a un niño", no tengo ganas de conseguir nada para nadie. Esos los conseguí para disimular un poco mi falta de espíritu navideño: al grinch ni su perro lo quiere. Es de esas cosas, como llamar a la gente en su compleaños que me caen mal. Hay que comprarlos, empacarlos y regalarlos porque hay amigo secreto en la oficina, elefante blanco con los miembros del Ex Patada en el Culo Club e intercambio con los Flavianos. La navidad nunca me ha gustado, pero este año no logro sentirme ofendida por las festividades. Ni el asqueroso confeti que plaga las calles me genera el odio peludo del 2005. Algo ha cambiado.


Llegué a la feria a ver nada más, pensando en la maleta que necesito. La mesa que vi era muy cara, los bolsos mediocres, las pinturas divinas pero poco prácticas para una escapada de 2 años. No es mi culpa que me guste lo intransportable, lo incomprable y lo poco práctico. Creo que eran excusas para no gastar plata que sé que necesitaré después. El almuerzo inclusive fue traido de casa, un picnic improvisado.

Pasé un rato mascando una ramita de zacate mientras escuchaba las conversaciones vecinas y la música de la presentación artística.

Este año hay que hacer los honores en la casa de la familia de sweetie. No cambia mucho mi ánimo excepto que tener un plan navideño me permite ahorrarme las explicaciones sobre por qué no me importa quedarme en casa comiendo pollo frito de una caja antes de ir a estar incómoda con la sonrisa pegada a la cara en una casa ajena. Esta será mi primera navidad "familiar" en Costa Rica como parte de la familia y no invitada especial. Entre novios huérfanos, ateos, extranjeros y judíos no hubo mucho chance en el pasado para celebrar navidad tica tradicional.

Además estaré en vacaciones: Esta navidad no pinta tan mal.

8 dic. 2006

now

Rara vez estoy en el presente, en el momento, disfrutando el hoy, el momento, la sensación de las teclas contra las yemas de mis dedos, el frío de las manos que no están cubiertas por el sweater, la bufanda que me puse para abrigarme el cuello y que me jala los puntos, esas tres hormiguitas en fila , la pesadez de los aretes, hasta la sensación en los párpados del maquillaje, de la textura cerosa del chapstick que se asienta en las grietas de mis labios. Siento la cordal que me está saliendo, el agua que entra a mi boca y baja por mi esófago hata caer en mi estómago, deslizándose por las paredes gástricas. Los dedos pegando contra el frente de mi zapato de tacón, una brisita que va entrando por los ruedos y sube por mis pantorrillas.

Si pienso en el pasado, si pienso en el futuro, me entra un escalofrío mental. Enciendo el cerebro y este no se apaga y pide prestadas mis emociones y sale huyendo con ellas para donde se le antoja.

Entonces estoy en el ya. Aunque este ahora venga con presión detrás de los ojos y contra las sienes, con una camiseta que me queda muy corta y un pantalón que se me cae. Me puse medias diferentes hoy. Una era negra, pero entre el cloro y las lavadas ahora está gris con manchas. La otra es gris de naturaleza, es un poco más alta y tiene un patrón argyle en la caña.

Tengo ganas de salir hoy. De ir a tomar whiskey. De conversar. De no tener que vestirme elegante ni aparentar. Lo mismo que en casa, pero con compañía, conversación y viendo gente bailar. Pero si no lo hago, quedaré en casa tejiendo y leyendo y viendo tele y jugando playstation con compañía, conversación y whiskey.

Donde sea que esté, estaré bien. Estoy.

7 dic. 2006

re.su.men

Una semana de esas donde todo sucede y las cosas siguen igual.

Mudanza el sábado. 3 horas después pareciera que los últimos 4 meses nunca pasaron. Excepto por el dolor muscular, el dolor físico, el dolor de estar pasando por demasiados cambios todos muy seguidos.

Domingo de descanso. De comer rico y pasar en familia. 4 personas a la mesa, Cada oveja con su pareja.

Lunes de apagón. de paranoia, de crisis. Se nos quiebra el "happy family" en una dura conversación de susurros a medianoche. El amor en desigual es una carreta con una sola rueda que solo en círculos anda.

Martes de arreglo. De conciliación, de trabajar las cosas. Para qué más crisis y pensar en un futuro que no existe para el "nosotros" de la relación? Mejor fajarse y alistarse y pretender disfrutar y sacarle el jugo a lo que nos queda. Algunas cosas no tienen arreglo y el tema del pánico a comprometerse no tiene sentido cuando se enfrenta con el tiquete de ida, una sola vía.

Miercoles de cirugía. Seguimos huyéndole al cáncer, resultados de biopsia vendrán después.

Jueves de ponerme al día. De intentar sacarle un ratito al trabajo para escribir. Y esto es lo que salió.