22 ene. 2007

Downtown

Los vendedores de minutos atiborran la esquina con sus celulares encadenados a su cintura y letreros en el pecho con la tarifa: 300 el minuto. Me bajo del taxi y comienzo a caminar, manteniendo una expresión pre-fabricada en el rostro para no delatar mi completo asombro por lo que veo, huelo y escucho. Camino por Carabobo nuevamente y pareciera un lugar distinto al de ayer. En vez de silencio, pocas personas y mi caminata tranquila observando la arquitectura, los arbolitos, palmeras y las bancas de madera, hoy es una revolución de movimiento y vida. Miles de chucherías coloridas pelean por mi atenciòn mientras paso por tiendas que rebasan sus límites y se extienden a las aceras. Los vendedores corren de un lado para otro ayudando a los compradores a escoger el nuevo objeto que les traerá una momentánea satisfacción a cambio de una suma de dinero. La comida abunda: hay vendedores de granizados, palomitas, fruta partida y envasada, fresco de avena y guarapo, helados, y dulces por todo lado. Sonríen y conversan entre ellos mientras atienden a alguno de los oficiales que se toman un descanso para refrescarse a la sombra de una tienda. En las aceras hay carretillas de ventas de practicamente todo: zapatos, ropa, cobijas, ollas, vajillas completas, libros, revistas, útiles y chucherías. Creo que inclusive vi un carrito de madera con vestidor, para poderse medir la ropa que ahí se vendía.

Por El Hueco veo edificios tras edificios llenos de personas vendiendo, comprando y ojeando: desde joyería, playstations y electrodomésticos a tiras plásticas transparentes para el brassiere y medias de bob esponja. Camino a la sombra del metro y no puedo creer que no se acabe la gente. A cada lado tengo edificios altos, de màs de 10 pisos. Cada uno de ellos está lleno de tiendas de un metro de profundidad por tres de frente con un influjo constante de personas entrando y saliendo, y ésto se extiende por cuadras. Voy buscando una tienda y en lo que avanzo me ofrecen sanación espiritual y curas contra el mal de ojo con solo una llamada, unas tortugas, afiches con pensamientos religiosos y dvds con las películas de estreno.

Caminamos hasta llegar al Astor, a cumplir con el peregrinato que no ha faltado en ninguna de mis visitas a Medellín. Mientras me tomo mi jugo de mandarina y mi mamá se come un helado, me cuenta que ahí mismo fue donde tuvo la primera cita con mi papá, tomaron té después de ver
"un hombre y una mujer" en el cine. Mi mamá se hunde en recuerdos y traslada su atención al fondo de su copa de helado... Creo que extraña aquellas épocas donde podía salir con mi papá y conversar: cuando el mundo todavía era nuevo para ellos.

Pagamos y mientras salimos le prometo silenciosamente al moro de rana rené de la vitrina que algún otro día regresaré a comérmelo con tanto gusto como cuando tenía 6 años. Que vendré con mi mamá nuevamente y que seguiré viniendo, porque en esta extraña ciudad tan llena de novedades necesitaré regresar a este lugar donde tengo historia y no me siento como extranjera.






7 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Linda narración. descrbiste un lugar y un momento que pasaría desapercibido, sino hubiese sido por tus palabras. Saludos.

9:04 a. m.  
Anonymous Flavia dijo...

Hey que bueno volver a leerte casi a diario, y conocer con tus palabras un poco de Medellin. Un abrazote

3:39 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Son lindas esas descripciones, es lindo realmente oler el lugar, y no solamente dejarse guiar por afiches o guías vacías....Se oye hermoso.

5:56 p. m.  
Anonymous Jorge Montoya dijo...

La narración está bellísima, el lugar que describe no tanto. En realidad es un caos, pero a mi me encanta. Yo vivo en Medellín y recorro el centro a menudo, por eso me parece genial que vos que te estés encontrando de nuevo con la ciudad y tengás esa capacidad de sorprenderte con las cosas sencillas que puede uno hallar con el sólo hecho de agudizar los sentidos. Porque, me parece, aquí la mayoría pasa de largo ante la ciudad y todo lo que hemos puesto en ella, todo eso que nos hace "paisas". Saludos.

4:05 a. m.  
Anonymous Alejo dijo...

ese mismo paseo me lo quiero pegar esta semana, aunque yo prefiero rematar en versalles

8:58 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Me acabo de tropezar con tu blog y este post me pareció super. Bacana tu descripción del centro, en ultimas el corazón de la ciudad,En lo personal las descripciones de la ciudad hecha por sus propios habitantes me resultan refrescantes y me presentan perspectivas de la ciudad que a menudo escapan en nuestra cotidianeidad.

Espero poder seguirte leyendo.

Mis mejores deseos

Esteban

6:09 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Los centros de cuidad siempre son un caos. Gente por todos lados y un mar de cosas muchas veces inservibles o innecesarias. A veces llega al punto de que las aceras dejan de ser un lugar para caminar.
Pero que bueno que en medio de todo ese caos ud tiene un lugar para regresar, un lugar con historia, un lugar al cual coquetearle recordando los viejos tiempos.
Yo toda la vida he vivido en Alajuela y cuando voy a San José centro, por pequeño que sea... siempre me siento sola, perdida... voy a tener que encontrar un lugar con historia para entonces poder sentirme propia en ese lugar.

7:20 p. m.  

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