16 ene. 2007

La ciudad de las Flores y el efecto invernadero.

Medellín pareciera ser el ejemplo contundente de los estragos climatológicos: cómo no ser la ciudad de las flores con tal efecto invernadero! Hace calor insoportable en las mañanas aunque esté nublado, y en la tarde, sale el sol y llueve. Fue acá hace muchos años donde por primera vez vi un arcoiris completo y gigante en una tarde soleada con garúa. También donde escuché la primera tormenta eléctrica de mi vida. Debí bloquear estas memorias porque definitivamente empaqué sólo pensando en la ropa que me gusta y no la ropa que es útil. Tal vez es aquí y ahora donde tendré que aprender a usar camisetas de tirantes y sin mangas en vez de sweaters y jackets. Eso, o potenciar mi capacidad heredada por la rama paterna de desconectar el hipotálamo e ignorar el clima para poder usar lo que uno quiere sin molestia alguna.

Hoy desempaqué un poco molesta, maldiciendo el sobrepeso de las maletas y su obvia inutilidad en este clima. Cuando mi mamá me dijo que acá hacía mucho calor, muy a la ligera lo atribuí a su postmenopausia. JA! me dije. Calor! Entonces hice un puño con mi nueva bufanda celeste de lana ultragruesa, 100 por ciento oveja y la fui a dejar enterrada entre mi jacket de mezclilla con forro y un gorrito de lana con orejas. Mi papá abogaba por traer abrigo. Ayer de venida del aeropuerto entendí muchas cosas sobre su matrimonio: mientras mi mamá se sancochaba a mi izquierda en su blusa de hilo y sombrero de ala ancha, él iba imperturbable con una chaqueta de drill, una bufanda de lana y un sombrero de pana. No quería resfriarse, entonces procedió a sugerirle al chofer que por favor cerrara la ventana.

Mi cuarto (que hoy ya luce liberado del cristo y la virgen de teta pelada) da a una avenida principal. Pareciera que esta avenida también colabora a mi filosofía del efecto invernadero: los carros nunca dejan de pasar, ni siquiera durante la noche. Tanto hidrocarburo en el aire tiene que afectar el clima! Anoche me debatí entre abrir la ventana para ventilarme y no poder dormir por el ruido de la autopista, o si dejarla cerrada y no poder dormir por la insoportable sensación de la cara sobre la almohada caliente.

Ayer opté por la segunda opción; esta noche creo que cambiaré. La brisa sopla y además de los grillos sólo se escucha al sereno haciendo sus rondas, avisando con su silbato que en la noche todo está tranquilo.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal