5 feb. 2007

San Alejo

Según mi mamá, el cuarto de San Alejo es donde la gente metía las chucherías viejas e inservibles que no les interesaban: algo como el cuarto de las bacinillas en Cien Años de Soledad. Siendo San Alejo el Santo de los hacedores de correas y mendigos, este nombre se le ha dado a la feria que tiene lugar todos los primeros sábados de cada mes en el Parque Bolívar. Ahí se encuentran antigüedades, artesanías, plantas, macetas, muebles, souvenirs, chucherías, comida, mendigos, artistas, músicos y mucho más.

Llegamos tempranito, ya que el sol y yo no somos tan buenos amigos. Ya a esa hora habían puestos de vendedores por todas las esquinas, y mientras uno caminaba se reproducían los parches de vendedores en cualquier esquina disponible. Una vez que se acomodaban, iniciaba el diálogo de día entero con los vecinos de puesto, los compradores y con los amigos que nada más llegaban a hacer la visita. Las artesanías, lamento decirlo, están casi que globalizadas. Los aretes que veía por la Universidad de Costa Rica parecen provenir de manos que fueron a la misma escuela de joyería. Algunas otras piezas eran muy originales: brazaletes de cuero y bronce con vidrio fundido, dijes de metal tratado con ácidos y esmaltados, veladoras de todos los tipos para santos, unas lámparas de bambú con tela, cinturones, agendas pintadas a mano... en fin. Había de todo para todos los gustos.

Un señor, sentado a un lado de la fuente, le daba vueltas a una maquinita para hacer bailar dos muñecas con una música espantosa. A cambio de esa tortura, le solicitaba a los transeúntes entregarle dinero con la historia que es mayor de edad, padre de familia y nadie lo contrata. Una señora reía a carcajadas mientras estiraba un dulce sobre un poste: algo que sólo había visto en televisión de pronto lo tenía frente a mi y aproveché para tomar unas fotos de la gelatina de pata estirada. En Colombia todavía se acostumbra a comer gelatina hecha de tuétano que extraen de las patas del ganado. Parece extraño y desagradable y sin embargo sabe rico. La señora nos comentó como el pedazo de gelatina sin estirar que mi mamá estaba comiendo lo había hecho ella hacía unos días, y destacó el hecho que su jalea era muy transparente: ella no le molía hueso para hacerla más grande y pesada, no señor.

Seguí caminando y me encontré entre flores y plantas: A pesar que el clima era el mismo, la sensación de frescura que daba ver tanto verde calmó un poco el calor. Me acerqué a unas coloridas orquídeas florecidas cuyos brotes podían fácilmente tener el tamaño de mi mano.

A la vuelta y debajo de un àrbol había un puesto de guarapo: jugo de caña con limón y mucho hielo. Esta bebida también se fermenta y existe una versión alcohólica, en este caso es meramente refrescante. Digamos que es un agua de sapo o hiel sin el gengibre. Lo lindo era ver el trapiche de madera con el que lo preparan, y las 8 a 10 personas de todas las edades que vaso en mano rodeaban el lugar.

En el puro centro de la plaza había un viejito: este viejito se encontraba al lado de una caja de madera vieja cubiertos de una sombrilla. Al pasar una segunda vez mi mamá me señaló a los loritos, y tuve la oportunidad de ver al lorito "adivinar" la suerte de unos muchachos de la fuerza pública. El lorito se para en el dedo del señor y cuando èste abre la caja, quedan al descubierto un entrepaño y un cajón: en el entrepaño hay unas tarjetitas, y en el cajón hay muchos papelitos. El loro saca primero las tarjetas: éstas contienen preguntas existenciales y algo parecido a los horóscopos. Después el lorito escoje un papelito y se lo entrega a los portadores de tarjeta, haciendo la combinación mágica y revelando los poderes del loro en adivinar los problemas y predecir el futuro.

Al ver a éstos jóvenes uniformados jugando con el lorito me puse a pensar en lo duro de tener un servicio militar obligatorio y tener que servir. Éstos chicos son hijos, padres, novios, amantes y hermanos, vienen de todas las clases sociales y estratos. Cada uno tiene una historia y un año que cumplir lejos de todo lo que ha conocido hasta el momento. En Costa Rica nunca me tocó tener que despedirme de alguien para que hiciera el servicio militar, sin saber si regresaría o no. Acá es visto como algo tan normal, tan cotidiano... los veo tan jóvenes y muchas veces tan serios, que me alegró que pudieran encontrar un momentito de su día para permitirse disfrutar y soñar en un destino mejor. Ojalá que en San Alejo hayan encontrado lo que necesitaban, aunque sea un poco de libertad momentánea, y que la buena suerte del lorito los acompañe.

Subí las fotos a flickr, por si quieren verlas.

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4 Comentarios:

Blogger Denise dijo...

Me encanta la descripción, suena a la vez muy cercano a CR pero en otras cosas totalmente sacado de un libro realista mágico. Sobre todo me gusta mucho que andás con la visión fresca, casi de turista. :-)
Me voy a ver las fotos!

ps- me gusta tu blog en blanco y el header nuevo!

7:00 a. m.  
Blogger Zoe3500 dijo...

El lorito te da la suerte jajaja q divertido, ya me imagino sacando los sobrecitos :)

1:39 p. m.  
Blogger Matriuzka dijo...

¡Yo quiero que el lorito me adivne a mi también la suerte!

Si te hacés una versión "Online" de fijo tendrías muchos clientes.

¡Saludos!

3:17 p. m.  
Blogger Jaqui dijo...

Me fascinas tus descripciones, y es que estás dando a conocer esas cositas que tal vez no muchos vean, a fuerza de la cotidianidad.

10:52 a. m.  

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