10 mar. 2007

La habilidad percibida vs. la real

Me gustaría pensar que tengo un muy buena coordinación entre ojos y manos. Puedo dibujar muchas cosas si las tengo de frente, sé coser a máquina y a mano, puedo bordar, incluso hacer punto de cruz cuando la necesidad lo amerita. También he incursionado en la pintura con resultados no tan desastrosos, si bien poco inspirados. Puedo hacer crochet con 1 aguja de ganchillo, o tejer con 2, con 4 y con 5 agujas. Puedo tejer y leer al mismo tiempo. Escucho música y resuelvo sudokus. Aprendo rápido y sé seguir instrucciones, usualmente puedo deducir el funcionamiento de maquinarias sencillas. Incluso podría atreverme a decir que tengo un nivel de inteligencia bastante alto, en unas áreas más que en otras.

A veces me olvido que existe una curva de aprendizaje: que está bien cometer errores y no saber. Esta semana a mi ego y a mi nos tocó recibir la lección.


El
dremel motor tool que nos pidieron en clases trae algo que le dicen guaya o flexishaft, que es un cable que permite utilizar la herramienta sin tener que sostenerla con la mano, sino que extiende su alcance y uno puede usar el accesorio como si fuera un lápiz. Pues un día, quise hacer mi tarea y me senté a trabajar. Había leído las instrucciones que venían con la máquina, y pensé que no sería nada difícil armarlo. No venía nada de cómo montar la guaya. Revisé las piezas que tenía en mis estuches varios y no veía nada que pareciera ir en el equipo, revisé el dibujo de la caja y tampoco aparecía ningúna rosca o tornillo extra. Así que asumiendo que si no venía, no se tenía que usar, decidí montar la guaya ahí nomás. Esta confianza en mis habilidades de entender cómo funcionan las cosas me falló, y lo que terminé haciendo fue echando a perder el motor: al conectarlo mal, la rosca donde se pegan los accesorios quedó totalmente lisa e inutilizable. La garantía no lo cubre, y el arreglo es caro y termina invalidando la garantía de 3 años para cualquier otro daño, porque requiere que se cambie el motor. Esto, a menos de una semana de haber comprado el equipo y sin haberlo estrenado. Bravo Medea.

Aunque menos que antes, me da una rabia y una tristeza y no logro entender cómo pude haber sido tan estúpida para dañarlo. Lo peor es que después de hacer el daño, me metí a internet e imprimí las instrucciones detalladas de cómo armarlo. Cuando llevé la herramienta a la tienda, encontraron la tuerca que faltaba ahí donde venía: en su huequito de la caja plásica. Esto ha sido mi secreto vergonzoso: en clase la semana pasada no tuvimos que llevar el motortool y nadie más ha sabido que arruiné una herramienta nueva, buena y cara. Crucé los dedos para que no nos la pidieran y agradecí que nadie tendría por qué preguntarme por ella. Para mis trabajos he usado otro motor que compré al tener que completar una tarea, un motor más barato que la reparación del que está en el taller. Ni siquiera he llamado a preguntar si puedo ir por mi herramienta. No quiero volver a enfrentarme con la incredulidad del mecánico que no se explica como alguien puede dañar completamente uno de esos motores caros y espectaculares al usarlo por primera vez y me mira con una cara de "no sé por qué le dan perlas a cerdos".

Así aprendí esta lección: tengo que quererme no matter what. Aún si meto las patas de la manera más idiota, eso no me hace peor persona y no me puedo quedar ahí estancada pensando en lo tonta que fui. Que me duele sentirme tonta, me duele hacer cosas tontas, me duele imaginar que en el fondo, a pesar de todo, sea tonta y he vivido engañada pensando que no. Cuando no es cuestión de ser tonto sino de no saber. De estar aprendiendo. Cosas muy diferentes. Por dicha estudié el fin de semana en curso intensivo esta lección porque en clases me reforzaron lo aprendido: me dieron un 4 de 5 en una tarea porque "se veía que lo había hecho sin ganas", y he tenido que repetir 3 veces una cubeta de acrílico porque no me sale bien... cuando tengo compañeros que tuvieron un modelo perfecto a la primera. Entonces me siento y recuerdo lo que una vez me dijo mi hermano cuando conversábamos de por qué no me metía a sacar una maestría:

"Por qué te preocupas que no sabes suficiente de eso? Si vas ahí es para aprender, de eso se trata la universidad. No sabes algo, te metes a estudiar, lo aprendes y listo. Hacen programas para asegurarse que ellos te van a enseñar lo que piensan que deberías saber. Para qué ir a la universidad si ya sabes lo que estás estudiando?"

Mi ego y yo todavía tenemos mucho por aprender.

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5 Comentarios:

Anonymous itzpapalotl dijo...

te comprendo. de repente uno cree que tiene todo lo que le falta para hacerlo bien, y no. tiene que aprender. arrrggg, eso nos mata a los impacientes.

2:32 p. m.  
Blogger liz dijo...

Me costó una semana perdonarme por no haber hecho la compra del año: 2 tiquetes para DC en spirit air, una escala, a la mágica suma de $350 por los DOS. Con comida. Cuando la mayoría de tiquetes cuestan $600 cada uno.

A estas alturas, ya Spirit air tendrá permiso para volar?

8:07 p. m.  
Blogger SergioM dijo...

yo diria que eres, como todo buen filosof@, una niña curiosa. Querias tu juguete nuevo y lo armaste con anhelo, una lastima que se dañara.
no lo tomes tan personal...

6:31 p. m.  
Blogger Matriuzka dijo...

Yo se que "Mal de muchos, consuelo de tonto" (ups tontos, creo que esa palabra mejor no jeje) pero a todos nos pasa. Y nos pasa más de una vez en la vida...

Humanos al fin, tenemos (casi que por obligación) que cometer errores.

¡Saludos!

3:43 a. m.  
Blogger Denise dijo...

Uy... bueno, como no tengo nada "consolador" qué opinar, solo voy a decir que la "moraleja" que le sacaste al asunto compensa. :-)

7:47 a. m.  

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