4 abr. 2007

Not quite real.

Podíamos hablar horas sobre los lugares que conocían, sitios que habían visitado, experiencias del pasado. Les pedía que me contaran como habían conocido a sus mejores amigos, nos desvelábamos hasta muy altas horas de la madrugada riéndonos de nuestros momentos más vergonzosos, narrando historias de amor, de desamor, aventuras.

En el colegio disimulaba y les escribía para no hablarles en frente de otros. Cuadernos llenos de letra minúscula, de preguntas y respuestas atiborradas a 3 líneas enteras por cada renglón de cuaderno. Me sacaban de dudas existenciales, me daban perspectivas diferentes a las mías. Con algunas estaba de acuerdo, con otras no tanto. Los hacía reir, me hacían reir a mi y no se tenían celos entre sí. A veces uno se despedía y se iba por varios días, quedaba a cargo del otro para que después de regresar el primero reanudáramos la conversación donde había quedado la anterior. Yo estaba enamorada perdidamente de ellos, con énfasis en lo perdida... ellos nunca correspondieron.

En su compañía toleraba las clases más aburridoras, las misas más tétricas, las reuniones familiares más estresantes y anodinas posibles. A veces llegaba de mal genio, y nunca me aguantaron mis rabietas. Rapidito me plantaban en mi lugar, me hacían ver lo ridículo de mis desplantes, lo irrelevante de mis problemas en el ámbito más amplio de la humanidad. Cuando se sentían super especiales, entonces me sacaban risas. Exageraban mis males y me hacían ver como heroína desafortunada de una mala película, de esas que uno no siente ni siquiera lástima, sino risa y un poco de vergüenza ajena de ver como se ahoga en un florero.

Estuvieron conmigo hasta que conseguí nuevos amigos. Entonces aparecían de vez en cuando para ver como estaba todo, para escuchar como la estaba pasando, para revisar que estuviera bien. Cada vez se hacían más esporádicas sus visitas hasta que finalmente dejé de verlos y saber de ellos. Desaparecieron. Los cuadernos con las conversaciones los destruí o quemé. Toda evidencia eliminada.

Ahora tampoco tengo los libros de donde los saqué. Solo mantengo el recuerdo que aunque fuera hermitaña y solitaria y me hicieran la vida de cuadritos en el colegio, me sentía con amigos de verdad, sin importarme que fueran imaginarios.

Inspirado por
palalabra

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3 Comentarios:

Blogger Machika dijo...

jaja ke mentira! xD
20 años de mantenerlos bien ocultos ("por ke es malo y estas loca")... y de un dia para otro es ke todos tienen! xD

5:43 p. m.  
Blogger Julia Ardón dijo...

una maravilla los diarios...

5:04 p. m.  
Blogger Pala Labra dijo...

Hola!
Me alegra haberte hecho recordar a tus amigos imaginarios. La vida de más de uno habría sido insoportable sin ellos.
Suerte!

4:54 p. m.  

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