20 ago. 2007

Armándome pleito

A la 1:30 am me despertaron para decirme: te llamo un taxi. Afuera llovía y retumbaban los truenos.



Aclaro que esa acción no es algo único de hoy. Es normal tener que agarrar mis cosas e irme de regreso a mi casa: es algo que he hecho antes sin problemas, drama ni aspavientos. Hoy por algún motivo reaccioné diferente. Esa frase para mi representó toda una historia, creo que de no haber usado esas mismas palabras en el pasado para deshacerme de alguien, no hubiera significado nada. Porque las circunstancias no son las mismas, las personas no somos las mismas, el momento no es el mismo y el contexto tampoco. Sólo la acción. Y he hecho un esfuerzo por no reaccionar viceralmente, de no brincar ofendida, de no tomar decisiones de momento. De concientizar que en este caso, no era ninguna despedida al estilo Donald Trump.

Ese regreso solitario ya estaba planeado. Responsabilidades al día siguiente, reuniones, estudio... es prácticamente nuestra rutina, no era decisión mía para tomar. Pasamos una hora llamando para que llegara algún taxi por mi, y en vez de sugerir la opción de irme en bus al día siguiente, de madrugada, más tarde; me quedé a la espera, hermética, guardando una esperanza para que se diera la invitación de quedarme hasta el día siguiente sin yo sugerirla. Qué sé yo. Que el aguacero, que estar acurrucados y calientitos, que no habían taxis a esa hora, que hay momentos donde irse de regreso a la cama es la mejor opción y no se necesitan razones.

Me avergüenza poner en evidencia mis neurosis cuando me preguntan "¿qué te pasa?". No quería explicar este enredo en mi cabeza, no podía hacerlo antes de digerirlo, rumiarlo y arrancarle los significados prejuiciados por mi pasado. Argumenté que tenía sueño, frío, que no me gustaba la lluvia. Siempre con rodeos, sin poder abrir la boca para decir lo que quería y necesitaba, algo que en otra ocasión hubiera hecho sin algún problema. Porque esas cuatro palabras habían socavado mi confianza, eran la esquina contra la que pegó el huesito del rechazo. Todo lo demás había estado igual que siempre: las cosas son como son y han sido y soy yo la que se sintió diferente hoy. Tal vez más vulnerable.

Un tonto pensamiento daba vueltas en mi cabeza: en las películas y libros cuando éste es el final de la noche, la historia nunca termina bien. Hoy por algún motivo mi cerebro no quizo comprender que la vida rara vez es como las películas.

DISCLAIMER: Este, como todo artículo que me ha dado por escribir a las 3am, va con pensamientos revueltos, sensaciones alborotadas, y no debe tomarse demasiado en serio.

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1 Comentarios:

Blogger www.lafotosaliomovida.com dijo...

Así es querida. La vida poca veces es como las películas. Pero tenías razón de estar como estabas, tu derecho sacro de pensar todo lo que quieras y de desear todo lo que se te ocurra.

11:06 a. m.  

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