7 oct. 2007

Le cahier

Otra vez he sacado el cuaderno y está ahí al lado de mi cama. Dizque para escribir lo que soñaba, cuando lo que hago es llenarlo con realidades que no me doy permiso de pensar hasta esas horas liminales. Al dejar de estar despierta y entrar a ese mundo nocturno, escribo apoyada en el borde de una cama dura y diminuta, con una lámpara que si la estiro mucho se desbalancea y cae sobre la página. Entonces rayo el cuaderno con una mano que con 8 meses de estar en clases escribiendo apuntes en clase va recuperando velocidad. Es un cuaderno que sigue medio vacío de imaginaciones, dibujos, fantasías, planes y sueños desde el 2003. Mi moleskine tamaño carta, mi confidente en las épocas donde he estado lejos de mis confidentes de carne y hueso: primero en Monteverde y ahora Medellín.

Sus hojas son blancas sin rayas, papel suficientemente grueso como para escribir con pluma y que no se pase al otro lado vulgarmente. Anillado para poder sostenerlo con una mano. Acompañado por lápices de colores que de vez en cuando uso. Porque a veces sólo necesito escribir y no tener que preocuparme por los comentarios, sentimientos resentidos, visitas, opiniones o lo que alguien vaya a encontrar si algún día busca mi nombre.

Etiquetas: ,

2 Comentarios:

Blogger Caro dijo...

Hay momentos en que ese tipo de confidentes silenciosos como un cuaderno son los mejores.
Además en el futuro puede ver lo que quedó atrás y quién sabe, hasta puede que de gracias de poder haber dejado plasmadas todas esas cosas ahí.

6:44 a. m.  
Blogger Arias dijo...

yo esta semana soñe algo, me acorde y no quiero volver a hacerlo. Habia dos lessbianas en el ala de un avion, una chimenea en una ciudad al norte de canada que era una replica de new york en 1925, y una chimenea por la que yo subia. Parecia una pelicula de Jarmusch

8:31 p. m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal