27 mar. 2007

schadenfreude

A la entrada del politécnico donde recibo clases, hay una rampa bastante empinada que a algún brillante directivo en el pasado le pareció una buena idea cubrir con pintura de aceite, y los años consiguientes han hecho de esa una superficie fácil de limpiar, lisa y resbalosa...

Hoy llovió.

Quién sabe por qué disfrutaremos tanto las caidas ajenas, o cuál será el origen de esa vena malvada que nos tiñe en momentos así; sea cual fuere, todos estábamos pendientes de la rampa. Un grupo de chicos estaba en la parte alta, de pie en las escaleras, estorbando el paso y logrando que los que ingresaran tuviera que incomodarlos o bajar por la rampa. Los demás estábamos alrededor de la camioneta de televisión y la cafetería, tomando café, fumando o ingiriendo el desayuno politecnista: algo frito en servilleta transparente con un vaso de coca cola.

El momento no se hizo esperar... con esa cara de quien no quiere la cosa los chicos de las escaleras miraban de soslayo al preocupado estudiante que venía corriendo para no mojarse. Lo vieron acercarse a la rampa y comenzar a bajar... no pudieron pasar de alto el hecho que tenía puestas unas tenis Vans, famosas por su poca tracción. Entonces sucedió. Primero vimos la suela de un zapato, después la otra suela se elevó y le hizo compañía en el aire, por unas fracciones de segundo quedó ahí suspendido, hasta que su trasero, ayudado por el peso adicional de un morral en la espalda, se dirigió rápidamente, con toda la fuerza de la gravedad, hacia el suelo. Los segundos se volvieron de hule y en cámara lenta vimos el cambio de expresión del rostro de nuestra primer víctima. Un momento de sorpresa de ojos abiertos, seguido por la comprensión con pupilas dilatadas, aceptación con un suave cerrar de párpados, impacto con un cerrar fuerte de ojos, dolor y risa con ojitos chinos. El costalazo rompió el silencio y cuando se derramó la risa de nuestras bocas nos dimos cuenta que habíamos guardado absoluto silencio mientras lo veíamos bajar. El muchacho fue buen participante... se levantó rápidamente, y con risas y una pequeña venia por el show, se despidió y desapareció entre la muchedumbre.

Estoy segura que gran parte de la risa de todos los demás era un sincero "que suerte que ese no fui yo".

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22 mar. 2007

Incógnito

De pronto me encuentro viviendo una adolescencia tardía: llena de encuentros después de clases, almuerzos con besos intercalados, citas a escondidas cuando los padres salen de casa, planes económicos para el ahorro, caminatas largas de la mano y viajes de metro.

Tengo que confesar que me encanta.

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21 mar. 2007

Un libro abierto

De los recuerdos de mi infancia, casi todos están ligados a la lectura. Cuando no sabía leer, me leían en casa, o miraba dibujitos de los libros y trataba de recordar sus formas. Después me chantajearon con la idea que si aprendía a leer, no tendría que apagar la luz e irme a dormir en la parte más interesante del cuento, sino que podría seguir y seguir leyendo. Y así lo hice por muchos años, debajo de una cobija con una linterna, como si la cobija fuera suficiente para evitar que mi mamá se diera cuenta que no estaba dormida.

Ayer fui a un conversatorio en Plaza Mayor, antes llamado el Palacio de las Exposiciones, como parte de la actividad de la III jornada pedagógica de Leer es una fiesta... Con ese nombre y aún así estaba lleno de gente. Nos fuimos a sentar a un ladito, en el piso, y
William Ospina nos llevó de la mano en un recorrido en el que el arte no es tanto escribir el libro, sino el que hace cada quien que lee, cuando de esa serie de palabras que tiene en frente arma paisajes, personajes e imágenes imborrables. Una de las muchas frases impactantes que dijo fue que en los colegios nos enseñan a leer, pero como si leer se tratara de ver las letras en una página y entregar reportes y que pocas veces a uno le enseñan a amar la literatura, amar lo que se lee, a ser crítico con los libros y saber escuchar lo que nos quieren decir cada vez que los abrimos.



Mis libros favoritos son como buenos amigos. No importa que tan bien los conozca, siempre me aportan algo nuevo. Cada vez que los abro es como abrirle la puerta al amigo. Entonces es cuestión de sentarse cómodamente y conversar de los mismos temas de siempre, del punto de vista conocido, de las historias que uno nunca se cansa de oir, y siempre, SIEMPRE salir conociendo un poco más de mi misma.

Mis libros favoritos son muy variados, como los amigos que ninguno se parece a otro. Son todos libros, que como comentó Ospina, uno tiene que estar consultando. Un libro favorito nunca es un libro que se leyó... es un libro que se sigue leyendo. Cuando leo 100 Años de Soledad, entiendo un poco más las historias de mi familia: mi prima q se escapó para irse con el circo, la larga lista de sacerdotes, curas e incluso un obispo, el modus operandi de la dialéctica hogareña. Si abro Orgullo y Prejuicio, las historias de Eliza Bennet y Mr. Darcy me emocionan como si fuera yo la que tuviera que lidiar con ese hombre arrogante y pretencioso... y darme cuenta que en realidad me gusta mucho más de lo que soy capaz de admitir.

También hay libros favoritos de mi pasado: como los amigos que ya no están con uno, de los que uno se acuerda nostálgicamente. La diferencia con los viejos amigos, es que un libro nunca me ha jugado una mala pasada, no me ha traicionado ni cambiado por otra. Un libro nunca me jaló el pelo, me insultó ni le dijo a sus amigas que no jugaran o hablaran conmigo. Por eso también tengo libros favoritos de la infancia, los que ya no leo, pero que sí me marcaron.
Mi Planta Naranja-Lima de Jose Mauro Vasconcelos, la serie de Susan Cooper, VC Andrews, Judy Blume, Beverly Cleary... incluso los otros libros de "baño", los que se sentaban en el tanque para leer en esos momentos de ocio como Sweet Valley High y The Baby Sitter´s Club.

En la escuela, a la hora del almuerzo, casi siempre me iba para la biblioteca. Recuerdo también encontrar ahí a otras niñas, que como a mi, les gustaba el silencio de ese gran edificio, las montañas de cojines y almohadas para echarse a leer y la cantidad infinita de libros, revistas, cuentos, poemas e historias que ahí estaban contenidas. Nos escondíamos detrás de uno de los estantes más alejados para leer libros con títulos como "qué le pasa a mi cuerpo", "así se hacen los bebés" y "la menstruación y yo", con sus imágenes de los años 70s de cinturones de higiene y toallas sanitarias no autoadhesivas. Recuerdo a una compañera que cada vez que le venía la regla, iba y sacaba "Are you there God, it´s me, Margaret"... eso la hacía sentirse mejor de ser mujer, con todo y cólicos, nauseas y dolores.

También ahí detrás de ese estante me fui a sentar con alguno que otro compañerito, con terror que decidieran que sería buen momento para darme un beso... con terror y ganas que sucediera. La única vez que hubo posibilidad que eso sucediera, salí huyendo apenas la conversación se tornó espesa: a mis 10 años, definitivamente le ganaba mi pudor a la curiosidad.

Ya no tengo la biblioteca de mi infancia, ni los libros que solía leer. Pero a veces me encuentro alguno que sé que se volverá imprescindible y es un momento de absoluta felicidad.

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19 mar. 2007

Hoy

Hoy 19 de Marzo es feriado en Colombia. Porque es día de San José.

Después de 13 años viviendo en la ciudad de ese nombre, vengo hasta acá para no trabajarlo :)

16 mar. 2007

Perspectivas

Sentada debajo de este árbol, la fiesta se veía muy diferente. Ya no tenía la música latiéndome en la oreja, ni estaba obligada a serpentear entre personas para moverme de un lado a otro. Acá había espacio, incluso para sentarnos. Podíamos observar la mancha de personas frente a los proyectores de video, verles las caras, ver las pantallas girar y moverse con el viento. Parecía como si ya no fuera la misma fiesta. Si miraba a mi izquierda, solo había una pareja abrazada, perdidos entre murmuraciones audibles solo para ellos, detrás mío los mariguanos aprovechando la oscuridad de los árboles que bordean el río encendían sus puros. a la derecha había un grupo de jóvenes sentados en el concreto de la cancha, y al frente estaba la conglomeración de asistentes.

Pensé en cómo los medios manipulan la información. Tan solo al tomarle fotos a una sección específica de la fiesta, podrían justificar las más variadas opiniones. Como los sabios de la cueva. Y todo eso sería oficialmente la verdad.

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13 mar. 2007

Chills

Vivir en Medellín es estar constantemente acosada por imágenes de cuerpos perfectos, ver en ayunas publicidad de ropa interior a escasos centímetros de mi frente en las cabinas del metro, hacer viacrucis de centros comerciales para encontrar ropa en un tamaño que me sirva, o optar por no comprar ropa después que suficientes veces me han dicho que mi talla no la manejan, como he hecho yo.

Todos los días veo esqueletitos meneando sus coxales mientras caminan, y observo las miradas de los hombres desviarse en su dirección.

Entonces me encuentro con un video como éste, y muere un poco la espantosa envidia que he llegado a sentir por ellas.



gracias a CafeGuaGuau

10 mar. 2007

La habilidad percibida vs. la real

Me gustaría pensar que tengo un muy buena coordinación entre ojos y manos. Puedo dibujar muchas cosas si las tengo de frente, sé coser a máquina y a mano, puedo bordar, incluso hacer punto de cruz cuando la necesidad lo amerita. También he incursionado en la pintura con resultados no tan desastrosos, si bien poco inspirados. Puedo hacer crochet con 1 aguja de ganchillo, o tejer con 2, con 4 y con 5 agujas. Puedo tejer y leer al mismo tiempo. Escucho música y resuelvo sudokus. Aprendo rápido y sé seguir instrucciones, usualmente puedo deducir el funcionamiento de maquinarias sencillas. Incluso podría atreverme a decir que tengo un nivel de inteligencia bastante alto, en unas áreas más que en otras.

A veces me olvido que existe una curva de aprendizaje: que está bien cometer errores y no saber. Esta semana a mi ego y a mi nos tocó recibir la lección.


El
dremel motor tool que nos pidieron en clases trae algo que le dicen guaya o flexishaft, que es un cable que permite utilizar la herramienta sin tener que sostenerla con la mano, sino que extiende su alcance y uno puede usar el accesorio como si fuera un lápiz. Pues un día, quise hacer mi tarea y me senté a trabajar. Había leído las instrucciones que venían con la máquina, y pensé que no sería nada difícil armarlo. No venía nada de cómo montar la guaya. Revisé las piezas que tenía en mis estuches varios y no veía nada que pareciera ir en el equipo, revisé el dibujo de la caja y tampoco aparecía ningúna rosca o tornillo extra. Así que asumiendo que si no venía, no se tenía que usar, decidí montar la guaya ahí nomás. Esta confianza en mis habilidades de entender cómo funcionan las cosas me falló, y lo que terminé haciendo fue echando a perder el motor: al conectarlo mal, la rosca donde se pegan los accesorios quedó totalmente lisa e inutilizable. La garantía no lo cubre, y el arreglo es caro y termina invalidando la garantía de 3 años para cualquier otro daño, porque requiere que se cambie el motor. Esto, a menos de una semana de haber comprado el equipo y sin haberlo estrenado. Bravo Medea.

Aunque menos que antes, me da una rabia y una tristeza y no logro entender cómo pude haber sido tan estúpida para dañarlo. Lo peor es que después de hacer el daño, me metí a internet e imprimí las instrucciones detalladas de cómo armarlo. Cuando llevé la herramienta a la tienda, encontraron la tuerca que faltaba ahí donde venía: en su huequito de la caja plásica. Esto ha sido mi secreto vergonzoso: en clase la semana pasada no tuvimos que llevar el motortool y nadie más ha sabido que arruiné una herramienta nueva, buena y cara. Crucé los dedos para que no nos la pidieran y agradecí que nadie tendría por qué preguntarme por ella. Para mis trabajos he usado otro motor que compré al tener que completar una tarea, un motor más barato que la reparación del que está en el taller. Ni siquiera he llamado a preguntar si puedo ir por mi herramienta. No quiero volver a enfrentarme con la incredulidad del mecánico que no se explica como alguien puede dañar completamente uno de esos motores caros y espectaculares al usarlo por primera vez y me mira con una cara de "no sé por qué le dan perlas a cerdos".

Así aprendí esta lección: tengo que quererme no matter what. Aún si meto las patas de la manera más idiota, eso no me hace peor persona y no me puedo quedar ahí estancada pensando en lo tonta que fui. Que me duele sentirme tonta, me duele hacer cosas tontas, me duele imaginar que en el fondo, a pesar de todo, sea tonta y he vivido engañada pensando que no. Cuando no es cuestión de ser tonto sino de no saber. De estar aprendiendo. Cosas muy diferentes. Por dicha estudié el fin de semana en curso intensivo esta lección porque en clases me reforzaron lo aprendido: me dieron un 4 de 5 en una tarea porque "se veía que lo había hecho sin ganas", y he tenido que repetir 3 veces una cubeta de acrílico porque no me sale bien... cuando tengo compañeros que tuvieron un modelo perfecto a la primera. Entonces me siento y recuerdo lo que una vez me dijo mi hermano cuando conversábamos de por qué no me metía a sacar una maestría:

"Por qué te preocupas que no sabes suficiente de eso? Si vas ahí es para aprender, de eso se trata la universidad. No sabes algo, te metes a estudiar, lo aprendes y listo. Hacen programas para asegurarse que ellos te van a enseñar lo que piensan que deberías saber. Para qué ir a la universidad si ya sabes lo que estás estudiando?"

Mi ego y yo todavía tenemos mucho por aprender.

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6 mar. 2007

Creative Commons

4 mar. 2007

Eclipse de Luna



Me encantan las caminatas. Ir a algún lugar alejado que requiera esfuerzo, para que estar ahí tenga más significado que nada más bajarse de un bus. El sábado armamos grupo para ir a ver el eclipse. Alguien sugirió un lugar en Envigado y listo. Nos encontramos en el metro, subimos recogiendo personas y emprendimos el viaje.


Primero caminamos por casas y apartamentos, después por condominios, narcomansiones y obras en construcción, después por casitas y luego nada más potreros. La mezcla de estilos de arquitectura, el ver una casa histórica de ventanas grandes de madera, corredor y techo de teja a la par de un edificio que es una caja de concreto con vidrio es común, y como que deja de ser chocante. Excepto cuando son cajas de concreto muy, muy, muy grandes. El camino no nos era familiar, así que no encontramos la entrada y tuvimos que regresarnos cuando nos dimos cuenta que la calle de subida comenzaba repentinamente a bajar. Dimos con la ruta: una vereda empedrada que se metía al bosque. Pocos metros después se acabó la piedra y siguió una trocha de tierra , con paredón a un lado y ladera pendiente hacia el otro.

El camino estuvo complicado, y durante la subida iba haciendo mapa mental de las curvas, peligros y bifurcaciones... no tenía linterna y el regreso ya sería de noche. Pensé en todo lo que podría pasar, pero que otra parte de mi sabía que no sucedería. Estaba con la certeza que todas esas dificultades sencillamente harían una mejor historia para contar. Que estaba oscuro, que nos encontramos con extraños que nos contaron sobre los fantasmas en las cuevas, de las quebradas que teníamos que cruzar, de los lugares donde pensé: esto lo subo pero no creo que lo baje. Había partes resbalosas, otras donde había que agarrarse del pasto seco que crecía a un lado para no caerse deslizado al otro. En un momento no sabíamos por donde seguir, ya no veíamos la antena y no parecía haber camino, pero finalmente lo logramos: llegamos a la antena desde donde teníamos una vista perfecta de la ciudad y de la montaña por donde saldría la luna .

Con ron y Colombiana nos hicimos un traguito y conversando pasamos el tiempo mientras aparecía la luna. Pensé en la última vez que estuve en un parchecito parecido, cuando subí a la
Cruz de Alajuelita: recién comenzando con sweetie, acompañada de mis mejores amigos y hermana. Ahora en otro país, con otra gente y un nuevo paisaje, pero la sensación era similar... o casi la misma.

Cuando terminó el eclipse y la luna estaba llena e iluminando nuevamente, nos dirigimos cuesta abajo. Lentamente, iluminados por la linterna del celular de alguien, bajamos, nos caimos, tropezamos y reimos todo el camino. En un momento el grupo se dividió y unos entraron a "la cueva del indio", yo me perdí del momento en que entraron, y cuando ya estaban dentro, preferí quedarme afuera antes de enfrentarme a un hueco oscuro sin iluminación. Cuando salieron, continuamos el recorrido sin sobresaltos y finalmente llegamos a la calle... entonces las nubes cubrieron la luna: perfectamente cronometrado.

Terminamos la noche en el parque de Envigado, tomando mi nueva bebida favorita, esa que apacigua mi paladar de borracha pobre de mal gusto: vino de cereza "Cherry" que venden en garrafa de 2 litros. A menos de 2 USD. Maravillosa industria local. Me fijé: la etiqueta dice "no es un producto vinícola" y no trae lista de ingredientes. A ver si adivino: Taninos y "sabor a cereza".

Ojalá que se repita este tipo de paseo. Hay foticos aquí.


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