29 mar. 2008

El cuarto de las bacinillas

Ser parte de una familia con la que compartes lazos de consanguineidad te condena a un par de cosas:
1. conocerás todas las mañas y hábitos insoportables de ellos y te los tendrás que aguantar.
2. Entenderás que terminarás heredando aquellos que más piedra te den.

En mi caso es la bendita manía de llenarse de cosas. De no poder botar ninguna factura, recibo, papelito, bolsa, recuerdo, regalo o producto gratuito de higiene entregado en un hotel.



Llegué a Medellín con una mochila, una maleta y pagando un HP sobrepeso de equipaje que no es cuento. Me encontré con que mi habitación ya tenía el clóset habitado por las cosas de mis padres. Procedí a la titánica faena de guardar mis cosas en el par de repisas desocupadas, y fue complicado que entraran todas. La situación actual es la misma: la ropa hacinada en el closet compitiendo con libros, cajas, productos de belleza, lana, telas, manualidades, etc etc etc... a excepción que poco a poco logré eliminar casi que todo vestigio de las cosas de mis padres y aún así mis cosas han logrado multiplicarse para ocupar todo el espacio liberado existente.

Me cuesta tanto botar cosas! Tanta mudanza donde me he hecho la valiente y he declarado "he leído este libro 7 veces ya, yo creo que no lo necesito más" y tarde o temprano vuelvo a comprar el libro. Ropa que deshecho para luego lamentarme porque era JUSTO lo que completaría el look de la noche. Facturas que elimino sin pensarlo mucho y después resulta que era vital para poder reclamar algún tipo de permiso, documento, certificado, etc. etc. etc. Cada vez que tiro algo, lucho contra esa voz interna que me recuerda que cuando uno anda de casa en casa, son las cosas de uno lo que dan la sensación de hogar. Lucho también contra la voz de mi educación posterior que me dictamina que uno no es lo que tiene, que uno puede desapegarse de las cosas, liberarse y ser libre. Lucho contra el recuerdo que me señala que he vivido con lo básico y logré salir a delante, y la antagonista que se mofa y pregunta si era realmente vivir o apenas sobrevivir.

Miro alrededor en la casa de mis padres y veo cómo la tentación se vuelve peligro. Cada cosita de la casa de mis padres tiene su historia: sólo en el baño hay unos huevos de piedras checas, unas cerámicas chulucanas traídas desde Perú y unos cuadros de las filipinas. En. el. baño. En la cocina está una colección de platos decorativos de diferentes orígenes, teteras que han recorrido el mundo y otra serie de "recuerditos" y variedad de souvenirs que estorban pero no se botan y lo que hacen es recoger polvo. El problema es que ya no hay espacio para guardar adornos y rotarlos, como nos recomienda Martha Stewart. Las cosas están a la vista y expuestas porque en ningún clóset caben. Porque a pesar de ser 3 personas en un apartamento de 3 habitaciones más la de servicio, cada milímetro disponible para guardar cosas está ocupado.

Mi papá, que si está leyendo esto probablemente le piquen los dedos para comentar y sienta la obligación de defenderse y argumentar en contra, tiene un clóset lleno de cajas con libros. Estoy segura que ni siquiera hay una noción concreta de cuáles libros o papeles están en qué caja, y tengo la certeza que en 3 o 4 años no ha necesitado ninguno de los documentos ahí alojados como para tener que meterse a buscar algo. Inclusive creo que he visto alguna que otra caja que fue empacada antes de 1994 para la primera mudanza y que ahí ha viajado sellada, imperturbada en su travesía por 4 o 5 diferentes casas. Hay unos parlantes que no están conectados a nada. No se usan. Para conectarlos hay que pelar cables y hacer uno que otro mcguyver, para ver si es que funcionan. Tienen más de 20 años ahí sentados y cuando traté de averiguar si podía abrirlos para que reencarnaran en una cartera con parlantes para cargar mi ipod y amenizar fiestas... la respuesta fue no. Para qué quería dañar unos parlantes perfectamente buenos? Entonces ahí siguen. desconectados. seguramente por unos 20 años más. Hay videos de betamax en el clóset. Nosotros no tenemos ni hemos tenido betamax.

Yo escribo estas cosas y pienso en mi propio clóset. Yo traje desde Costa Rica cosas que no he usado, libros que no he leído y ropa que nunca me la he puesto. Algunas cosas, como la ropa, se la pasé a mi hermana en alguna de las visitas para que las aprovechara, otras a mi mamá. Unos libros volaron de vuelta conmigo y se quedaron de viaje. Pero por cada cosa que ha pasado a manos que las aprecian más, aparecen 3 nuevas que van a esa pila de cosas de "algún día las usaré". Telas por ejemplo, o lanas. Cartulinas, pinturas acrílicas, pinceles. Muchas veces me olvido que existen, hasta que llega el momento de guardar alguna otra cosa que algún día me podría servir, o que siento que no debo botar. Como la bolsa con ropa interior y medias con huecos que quería descartar. No siendo capaz de cortar por lo sano, las puse en una bolsa plástica y fueron a parar al fondo del clóset por si acaso me arrepiento de algo y siento que no puedo vivir una vida plena y feliz sin mis rotosas medias de félix el gato, o descubra un patrón para hacer una colcha con medias viejas con valor sentimental.

En la parte alta de mi clóset encontré 2 bloques de hicopor (tecnopor). Estoy segura que venían alrededor de algún equipo electrónico, pero no tengo ni idea cual. Lo que me da miedo es que no me acuerdo si fue que los guardé yo, porque me podrían servir de algo, o si los que los guardaron fueron mis papás, probablemente por la misma razón. En este momento, cualquiera de las dos opciones es perfectamente posible.

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6 Comentarios:

Blogger Iki dijo...

Yo era asi... pero cuando me fui a casar me di cuenta que no podia dejar un monton de cosas archivadas, asi que hice limpieza y bote un monton de cosas, que a la fecha de hoy no he necesitado... es duro desprenderse, pero a veces es rico tambien sentirse liviano... dejar toda esa carga...

7:47 a. m.  
OpenID Patton dijo...

Oh por Dios, yo que pensaba que no podía haber alguien con mayor inhabilidad de desprenderse de las cosas que mi madre.. y mira tu, hay casos más extremos.

La mejor forma de botar cosas es que venga un tercero (un amigo cercano) que entre y empiece a cuestionar la utilidad de cada cosa. ¿Esto que es? ¿Para qué lo usas? Si uno no responde algo razonable (y que lo convenza) en 10 segundos .. a la caneca iba a dar.

En mi caso mi mejor amigo me hizo botar medio cuarto. Podrías usar esa alternativa, aunque uno eventualmente desarrolla una propia y sin mirar atrás bota todo lo que no usa.

10:47 a. m.  
Anonymous catirestrepo dijo...

En mi casa pasa lo mismo...
Así que si algún díA te quieres consolar, y averiguar quien guarda más cosas: ¡simplemente entra a mi casa! ...

11:47 a. m.  
Blogger maluigi dijo...

jaja...como que anda el tema en la boca de todo mundo..y que hacer con tanto chunche..mi madre quiere pasarse de la casa que siempre vivimos pero le da temor solo pensar en la cantidad de cosas que hay...y hoy que ayude a mi padre que se pasara, hicimos una cantidad de viajes insospechados...que poco de mierdas guarda uno..pero también son esas cosillas que uno se apega, pero que a la vez son un estorbo...
buenísimo...yo estoy por salir del país, y tendré que hacer una limpia..uff

9:55 p. m.  
Blogger Denise dijo...

Jajaja, yo tampoco soy muy ágil botando cosas. Ahora, libros NI LOCA, por nada del mundo, que noooo. Revistas sí, esas he aprendido a echarlas a la basura sin pensar. Y ya, jajaja, creo que es lo único que tiro!

1:09 a. m.  
Blogger carovl dijo...

Mi mamá y hermanita son así, yo no tanto. Si guardo miles de bobadas pero no como ellas. Cada cierto tiempo me da la locura y agarro una bolsa negra y "boto lo que no me sirve" pero una semana más tarde lo vuelvo a ver, mi hermanita y mamá van sobre lo que boto y recogen lo que a ellas les gusta para ellas, pero finalmente vuelven a mi. Decidí hacer lo mismo, mi hermanita botó unas pantuflas divinas, yo, cual recicladora, las adopté... ahora ella las quiere de vuelta...

10:21 a. m.  

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