29 jun. 2008

Corto resumen húngaro

Este país es maravilloso. Tiene un idioma único e impronunciable, con 14 vocales que hacen delicias con las bocas de todo, y evaden nuestros intentos de pronunciarlas. He aprendido a decir socorro y cerveza, y con eso me he defendido.

Es difícil sacarse el miedo que tenemos metido en las venas. Hoy salí de un bar a las 12 mn sola, con la portátil en la espalda, y tuve que tragarme la idea de "me va a pasar algo" para regresarme a casa. Acá no pasa nada. Un local que hablaba un español excelente me confirmó que era de lo más seguro caminar a cualquier hora. Y estando en el centro de la ciudad, cualquiera dudaría, pero no. La calle está llena de gente sin importar la hora, y los grupos de amigos que caminan con botella de vino en la mano son muy frecuentes.

La arquitectura tiene todo ese espíritu centenario de las viejas ciudades europeas, a pesar de ser una reconstrucción: la mayoría de Budapest fue destruída en la Segunda Guerra Mundial.

El primer día, a pesar del cansancio que volar a través del hemisferio puede traer, salimos a caminar y tomar fotos. Estatuas de héroes por todo lado, bancas, flores, chicas en bikini que caminan por la ciudad aprovechando estos días de calor. Los hombres con ese atractivo que tienen los nórdicos a punta de ser exóticos para estos climas latinos, las chicas tienen un algo extraño en las caras, como una chispa en las miradas altivas que lanzan a su alrededor.

Los parques acá son como esos que se muestran en las películas, donde las familias salen a hacer picnic con los hijos y los amos juegan frisbee con los perros. Hay mesas de ping pong distribuidas por ahí, y gente jugando con el rítmico tric-trac de las paletas con la bolita. Hay una playa artificial, nada más que una piscina plástica rodeada de arena, con sillas de lona a plena vista de un puente principal.

Veo un castillo de verdad, el primero de mi vida, con almenas en las torres, gárgolas y soldados tallados en piedra protegiendo las ventanas. No me decepcionó, con esculturas con mitos, como el hombre que si da inspiración a los que toquen la punta de su pluma, y un señor en una banca, ahí como esperando compañía a lo largo de los años.

El cuarto de hotel es como los que uno lee en internet, de la nueva ola minimalista europea. Es el hotel pensado para los que no van a pasar nada de tiempo en el hotel. El baño es una sola pieza de fibra de vidrio preformada, con ducha redonda en una esquina que si te inclinas para enjabonarte te enredas con la cortina, un lavamanos triangular en una esquina y sin nada de muebles ni extras. Lo más básico, una cama, un perchero y ya. La tele hay que pagarla y el desayuno no viene incluido, así como nadie entra a ordenar ni tender las camas. Es el hotel para los que no quieren pagar extra por babosadas que nunca terminarán usando. Si alguna vez pensé que sería cool un hotel cápsula de esos que hay en japón, retiro lo dicho. Por motivos prácticos uno sí necesita un lugar donde poner la maleta. Lo bueno del hotel es que he salido mucho más por la ciudad, en contra de mis hábitos caseros. Llego, una hora contada de internet, y a dormir.

Me he visto con Diego y ha sido excelente tener una perspectiva medio local de la vida acá, ha sido excelente guía turístico. Gracias a él el primer día de turismo nos rindió tanto y tan bien, y también gracias a él pudimos ir hasta IKEA a antojarnos de cosas y pensar en las maravillas que podríamos hacer con una tienda de esas en Medellín.

Mañana ya será el último día en Budapest, salgo temprano el martes de regreso a Bogotá. La mayoría de gente se va temprano, vamos a ver si mañana hacemos un intercambio alcohólico para probar los tragos tradicionales de cada región, y después será la fiesta de cierre.

Me siento demasiado afortunada de ser parte de este equipo impresionante de personas.

Fotos mías aquí
, y fotos buenas aquí.

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