8 mar. 2009

Contado en Primera Persona

Como reciente implante en Medellín, es difícil ser una autoridad en lo que ha sucedido en los últimos días en Medellín, sobre todo porque los medios terminan negando lo que uno escribe, tratando de taparlo para que no se les caiga la imagen.

Menos mal existen blogs de otros que lo pueden contar por cabeza propia. Uno de ellos es Multitasking de Ana María Vallejo.

Rosita hace aseo en mi oficina. Yo la conozco desde que tengo 5 años, y conozco sus hijos, ahora adolescentes, incluso he bailado con ellos. Me acuerdo que hace 7 años para que Nena fuera a su casa en Santo Domingo Savio había que pedir permiso. Por allá no había entradero, como en tantos otros barrios de Medellín. Había toque de queda. Hace 8 días me contó preocupada que habían puesto toque de queda. (Otra vez) Ella teme por sus hijos, porque ella SI sabe cómo fue eso antes. Pero no habla mucho, porque tiene miedo. Que a las 8 de la noche, muchacho que esté en la calle, tiene que tener un fierro en la mano.
...
Rosita me dijo ayer, que su hijo le dijo que no iba a dejar de jugar futbol por la noche. Que si a el lo iban a matar, lo mataban en la calle o en la casa. Que daba igual. Creo que es una generación diferente. Tengo fe en eso.

Pienso, que a los volantes hay que ignorarlos, pero que uno no puede descaradamente pedirle a las personas que no han olvidado los toques de queda, las balaceras de noches enteras, los hijos muertos, que ignoren los volantes que juegan con su miedo. Solo publico esto, hago este hilo en FACEBOOK, en mi blog, lo sumo a la pequeña cadena de comentarios, para que no estemos en silencio. Porque sabemos más en la calle, en el rumor callejero, en el corredor, que allá en la Alcaldía, donde hay que ser prudentes, oficiales.

Es que la niña que lo atiende en hasta las 10 de la noche en un almacén en el Tesoro tiene que llegar a su barrio después de las 10. Ese barrio queda muy lejos, muy arriba. Es que la secretaria de su oficina, puede que viva allá. Es que el portero de su unidad, ese pelao creció entre las balas de un barrio, o ese papá tiene hijos muertos en esta guerra de pandillas, plazas y paracos. Que la señora que hace el aseo baja hasta la “ciudad” con miedo. Otra vez con miedo. Que su compañero de la universidad, que vive en el Centro, o en Manrique, que el novio, que el amigo. Que el compañero de la oficina. Muchos, la mayoría han sido amenazados.


El texto completo lo pueden leer en su blog.

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